CONSECUENCIAS PSICOLÓGICAS DEL CONFINAMIENTO

La primera medida adoptada por todos los gobiernos del mundo como consecuencia de la alerta sanitaria por la expansión del coronavirus (COVID-19) ha sido la de decretar el confinamiento de las personas en sus casas para frenar los contagios masivos.

Pero los seres humanos somos seres sociales, es decir, necesitamos el contacto con los demás para nuestra supervivencia. Por eso, la cuarentena nos resulta una experiencia desagradable debido a que es un aislamiento social obligatorio que implica romper con nuestro día a día, nuestras rutinas, nuestro ocio, nuestras relaciones con amigos, pareja, familia, nuestra pérdida de libertad, la aparición del aburrimiento, etc.  

De repente, nuestra vida se ha paralizado y nos toca adaptarnos temporalmente a una nueva situación inimaginable y a todas las posibles consecuencias generadas por esta: la pérdida del trabajo, la reducción de ingresos mensuales o gestionar el hecho de convivir veinticuatro horas con nuestra pareja, hijos, familiares o compañeros de piso.

 
En efecto, esta situación tiene una potente carga psicológica sobre nosotros que puede llevarnos a sentir una gran angustia y tristeza. Por eso, van a estar presentes ciertos cambios emocionales en nosotros mientras dure el confinamiento, aunque no tiene por qué ser siempre.

 

 

Es posible que en determinados momentos nuestro estado de ánimo se mantenga estable, rozando la normalidad, pero cuanto más se alargue el confinamiento pueden aparecer trastornos de tipo emocional más desagradables como son la tristeza, la soledad, la frustración, el aburrimiento, el nerviosismo, el miedo o el enfado, pero también la irritabilidad, la incertidumbre, la angustia, la preocupación, el estrés, síntomas depresivos y/o problemas de sueño, entre otros.

Como poco, la ansiedad, el miedo y la apatía pueden ser los principales protagonistas de nuestro estado de ánimo en estos días de confinamiento. Estas emociones son consecuencia de la incertidumbre. Sobre todo, por el desconocimiento.

Efectivamente, si hay algo que nos genera esta situación, es incertidumbre. Necesitamos saber qué es lo que va a pasar a continuación y así poder anticiparnos a lo que va a ocurrir. Los seres humanos intentamos controlar constantemente todo aquello que nos rodea. Pero esto, como bien sabemos, en ocasiones no es posible. Así pues, ese intento fallido de controlar generará mayor ansiedad. Esto determinará que sintamos que no hay nada que nosotros podamos hacer, tan sólo esperar. Esta situación puede generar frustración. Esta incertidumbre puede llevarnos a la búsqueda de información constante, sintiendo en estos días una sobreinformación. Pueden aparecer de igual forma pensamientos de tipo catastrofista y anticipatorios, poniéndonos en los peores y más improbables escenarios, lo que nos generarán un gran malestar.

A medida que pasan los días estas emociones pueden ir variando e incluso haciéndose más intensas, pero, aun así, debemos ser conscientes que todas estas emociones que podemos sentir son reacciones normales frente a esta situación excepcional que nos está tocando vivir, y por eso, es importante identificarlas, pero no alimentarlas ni dejarnos llevar por ellas. Es imprescindible que normalicemos y atendamos todos los diferentes estados en los que nos podemos encontrar a lo largo de estos días.

La mayoría de los expertos coinciden en señalar los efectos psicológicos negativos de las cuarentenas, incluidos síntomas de estrés postraumático, confusión y tendencia a estar más irascibles después del confinamiento, así como también que estos efectos psicológicos todavía se pueden detectar meses o años más tarde. Por eso, sugieren que es necesario que las autoridades garanticen que se implementen medidas efectivas de mitigación como parte del proceso de planificación de la cuarentena.

Un grupo especialmente vulnerable a estos trastornos psicológicos son las personas con antecedentes de enfermedad mental se asocia con más consecuencias negativas por el confinamiento. En concreto, estas personas pueden experimentar ansiedad e irascibilidad entre cuatro y seis meses después de terminar la cuarentena e incluso angustia psicológica prolongada.

Así mismo, los trastornos psicológicos también repercuten de forma especial en los trabajadores de la salud por ser uno de los sectores de la población que más se expone al virus. Los sanitarios pueden sufrir síntomas más severos de estrés postraumático que los miembros del público en general. También podrían experimentar emociones relacionadas con la frustración, la culpa, la impotencia, la soledad y la tristeza.

Otro grupo de riesgo importante es el de los ciudadanos a los que les afecta las repercusiones económicas por el confinamiento debido a la pérdida de empleo y la incapacidad de hacer frente a gastos como la hipoteca, el alquiler o las facturas. Esta pérdida financiera crea una grave angustia socioeconómica y es un factor de riesgo para desarrollar síntomas de trastornos mentales y de ansiedad incluso varios meses después de la cuarentena.

 
Destacar entre los afectados a los niños ya que pueden ser teóricamente más vulnerables a trastornos psicológicos por la cuarentena. La tensa espera para salir a la calle es un anhelo que se convierte en una necesidad física y emocional para todos, pero especialmente para los más pequeños que aguardan confinados en sus casas. Aunque sí que es cierto que, desde el 27 de abril, han podido salir a pasear, lo cual, es muy positivo.

 

Es cierto es que los menores son muy moldeables y se adaptan rápido a las nuevas circunstancias, por lo que las consecuencias, si se dieran, serían mínimas sobre todo si su entorno familiar ha sabido dotarles de cariño y ha sabido entretenerles. Eso no significa que no tengan en algunos momentos episodios de tristeza, sensibilidad, mayor ansiedad o mayor irritabilidad. Además, resultaría normal que aparezca una mayor desobediencia o rebeldía ante las normas impuestas por los progenitores a la hora de hacer deberes o con los horarios, por ejemplo. Al encontrarse los padres también más ansiosos, el ambiente en muchas ocasiones en casa será más tenso.

Por otro lado, el confinamiento será más perjudicial en niños de familias desfavorecidas, por el simple hecho de que las infraviviendas hacen más difícil la actividad diaria y, por tanto, la convivencia.

La inactividad de estos días, si no se ha decidido hacer algún tipo de ejercicio, también puede llevar aparejadas conductas alimenticias inadecuadas, tanto en niños como en mayores y, por tanto, aparición de la obesidad o cuanto menos algunos kilos de más.

Un confinamiento y un aislamiento social prolongado puede también tener consecuencias psicológicas más graves en los niños y adolescentes. Esta etapa de falta de libertad obligatoria puede ser el antecedente de trastornos de ansiedad y del estado de ánimo que se empezarían manifestando con regresiones a etapas previas del desarrollo, como por ejemplo volverse a hacer pis en la cama o miedo a enfermar, explosiones de agresividad o dificultades para conciliar el sueño. Y esto en niños cuyo funcionamiento previo era adecuado. Sin embargo, las secuelas psicológicas podrían llegar a convertirse en un trauma en los niños más inestables emocionalmente. En concreto, en aquellos con trastorno del espectro del autismo. El impacto en ellos es mayor porque experimentan altos niveles de estrés y ansiedad, incrementan las conductas negativistas y desafiantes y puede haber un agravamiento de las condiciones de salud mental.

Aun así, dicho todo lo anterior, no es lo mismo una situación en la que no tienes ningún tipo de margen de movimiento, como un toque de queda o un estado de excepción, que la que se está viviendo actualmente ya que hay ciertas rutinas de la vida cotidiana, como ir a hacer la compra básica o a trabajar según el caso, que se siguen haciendo. Eso limita en cierta forma la sensación de agobio y reclusión.

 
La realidad es que no existe un tratamiento milagroso para superar esta situación sin que tenga un impacto en nuestras vidas en mayor o menor medida, porque es una situación difícil, compleja y absolutamente desconocida.

 

 

Pero el confinamiento, por raro que parezca, también genera un efecto positivo y tranquilizador que puede paliar esos otros efectos negativos. Este efecto positivo se genera cuando se piensa que la cuarentena es temporal y que quedándonos en casa estamos contribuyendo a controlar la crisis y evitar la muerte de personas, además de que disponemos de un lugar aparentemente seguro como es nuestro hogar. Sentirnos útiles, aunque sea de forma pasiva, nos ayuda psicológicamente.

 

QUÉ HACER PARA MINIMIZAR LOS EFECTOS DEL CONFINAMIENTO

Vivimos en un mundo de constante ajetreo, en una sociedad de prisas continuas, exigencias y obligaciones. Pero el confinamiento por el coronavirus Covid-19 nos ha permitido, tomarnos un descanso obligatorio.

Estábamos instalados en un mundo cómodamente feliz, de forma general, y ahora vemos que somos vulnerables y frágiles. Esto nos sobrepasa desde un punto de vista emocional, sanitario y social. Pero, por nuestro bien, hemos de ser capaces de aprender de esta situación y sobrellevarla usando instrumentos clave que todos tenemos a mano: el afecto a nuestras relaciones más importantes y el sentido de la vida como prioridades esenciales para ser felices y compartirlo.

Ahora, en estos momentos y más que nunca, nuestra casa no es sólo nuestro hogar, sino que es nuestro lugar de trabajo, de ocio, de deporte y de descanso. Pero lejos de verlo como algo negativo podemos darle la vuelta y aprovecharlo a nuestro favor.

Desde que empezó la cuarentena los psicólogos están lanzando continuamente consejos positivos y estrategias a emplear para gestionar el confinamiento. Lo prioritario y esencial es que no hay que dejar transcurrir los días arbitrariamente, porque de esa forma se puede favorecer y aumentar mucho la sensación de caos interno.

 
La primera propuesta que nos plantean es la de afrontar esta situación de confinamiento creando rutinas cotidianas. Es decir, serían rutinas como establecer horarios, no descuidar los hábitos de higiene (ni personal ni de la casa), no estar todo el día en pijama, organizar las tareas domésticas en familia, cuidar la alimentación y realizar alguna actividad física.

 

 

Esta rutina es especialmente importante para las familias que tienen hijos. Hay que mantener sus horarios de levantarse, comidas, aseo, deberes y, actividades de ocio en familia. Hay que hacer que los niños comprendan que el confinamiento no es un castigo sino una emergencia. Explicarles, para darles un sentido a esta falta de libertad, que esto se está haciendo por el bien común, que es beneficioso para todos. Pero también que de ello se pueden sacar cosas positivas como, por ejemplo, estar juntos o disponer de más tiempo para jugar y conversar. No obstante, además de las rutinas, los psicólogos hacen hincapié en que es conveniente del mismo modo establecer actividades de ocio individual o compartido como la lectura, juegos de mesa, pintura, costura o manualidades, dependiendo de los gustos de cada persona.

Otro aspecto que puede resultar positivo y muy útil es utilizar las posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías. Por un lado, podemos usar estas para mantener el contacto con familiares y/o amigos a través de llamadas telefónicas, videollamadas, mensajes de voz o WhatsApp. Para muchas personas, sobre todo las que viven solas, las telecomunicaciones serán la mejor terapia.

Po otro lado, también podemos aprovechar las nuevas tecnologías para realizar actividades virtuales que nos brindan multitud de instituciones, empresas y espacios como las visitas a museos, el acceso a teatro, conciertos, películas, series, exposiciones etc. Toda una gran oportunidad.

Sin embargo, no debemos descuidar la mejor convivencia con las personas que nos rodean. Para ello puede ser importante plantear reglas claras para el buen funcionamiento de la casa y los espacios. Tampoco debemos descuidar el disponer también de tiempo para uno mismo. Como en la mayoría de las ocasiones nos resulta complicado pasar tiempo con la familia o personas con las que convivimos, el confinamiento puede proporcionarnos un momento excelente para acercarnos, unirnos más e interesarnos por las cosas de los otros.

También podemos aprovechar estos momentos para dedicar cierto tiempo a hacer todas aquellas cosas que siempre dejamos pendientes por falta de tiempo, pero que alguna vez nos ha apetecido hacer. No sólo eso, puede ser una gran oportunidad para usar la creatividad o incluso abrirse a opciones distintas a las habituales para ser aprovechadas en un futuro o para satisfacción personal.

Compartir tareas domésticas entre todos los integrantes de la familia, o los que estén conviviendo juntos en el momento del confinamiento, también es beneficioso. Puede relajar tensión y distraer. En el caso, por ejemplo, de que estemos al cuidado de niños pequeños, es importante turnarnos en este cuidado y generar “ratitos” individuales para uno mismo.

Si es posible, es preferible usar diferentes habitaciones para cada actividad que realicemos al día tanto individual como en pareja o grupo. Así pues, la habitación en la que trabajamos o estudiamos debería ser diferente a la habitación que utilizamos para el descanso o en la que tenemos los ratos de ocio. Es importante que haya una diferencia física para cada actividad porque ello nos va a permitir desconectar mejor en cada momento de la actividad que acabamos de realizar de la que queramos empezar. 

No obstante, no debemos ser muy exigentes con nosotros mismos porque a lo mejor sería contraproducente. Es decir, es muy importante plantearnos rutinas y actividades, pero que estas sean sencillas, placenteras (en el mayor de los casos) y que tengan continuidad, o sea, proponerse una tarea para poder cumplirla. Por ejemplo, leer todos los días un capítulo de un libro o realizar una sencilla tabla de ejercicios. Si conseguimos realizar nuestros objetivos nos sentiremos más seguros y tranquilos.

Sin embargo, qué duda cabe, la convivencia durante tantas horas al día y durante tantos días seguidos también puede ser un arma de doble filo y un foco de situaciones complicadas. Aparecen roces y peleas tanto con la pareja como con los niños y muchas veces teniendo que teletrabajar al mismo tiempo.

Pero en este sentido, el problema más extremo se puede dar tanto en los casos de maltrato (mujeres que sufren violencia por parte de sus parejas) y que en situaciones normales tienen el alivio de poder salir a trabajar, o que su maltratador lo haga, pero que ahora resulta difícil evitar. Y como no, en el de consumidores habituales de drogas con todo lo que ello conlleva.

Lo que de ningún modo nos recomiendan los psicólogos durante este periodo de confinamiento es la sobreinformación relativa a la epidemia del coronavirus. Este exceso de información por sus diferentes vías (televisión, radio, internet, chats, WhatsApp, etc) puede generar consecuencias negativas sobre nuestro estado de salud física y emocional. Esa sobreinformación nos puede llevar a un estado de alerta permanente, estrés, angustia, ansiedad o preocupación, ya que este consumo nos encamina a realizar continuas y diferentes comprobaciones en los medios y buscar actualizaciones constantes de nueva información.

Por otro lado, esa ansia de estar informados e informar también puede llevarnos a consumir y difundir bulos que a nadie benefician. Del mismo modo, ese exceso de datos nos puede llevar a realizar comprobaciones constantes sobre nuestra salud física (tomándonos de continuo la temperatura, por ejemplo). Estas comprobaciones aumentan nuestros niveles de ansiedad, apareciendo en nosotros diferentes síntomas que puede confundirse con los síntomas provocados por COVID – 19, generándose así cierta hipocondría, entendida esta como cierto miedo y preocupación irracional a padecer el contagio.

Otro consejo que nos dan los psicólogos sobre el confinamiento y la pandemia es tratar de evitar en lo posible los pensamientos catastrofistas, tratando de mantenernos siempre en el presente y ocupándonos de lo que va pasando día a día sin anticipar lo que puede suceder mañana porque eso favorece la ansiedad. 

 
En este sentido, nos puede ayudar y venir muy bien buscar un momento cada día para hacer un poco de meditación, yoga, mindfulness o estrategias de relajación porque eso nos ayudará a situarnos en el presente y calmarnos. 

 

 

Probablemente siguiendo todas estas pautas y consejos consigamos alejar esas sensaciones de tristeza, ansiedad, miedo a dificultades para conciliar el sueño a las que nos ha podido llevar el confinamiento por el COVID-19.

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