El perdón. Una de las mejores herramientas de la felicidad.

Repasemos un momento las definiciones más comunes con las que hemos crecido sobre qué es y para qué sirve el perdón:

 

¿Cuál es el significado del perdón?

Si buscamos en los diccionarios:

El perdón es disculpar a otro por una acción considerada como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden mas o menos afectadas

¿Cuál es el valor del perdón?

Se suele valorar el hecho de saber perdonar, aunque también el saber pedir perdón, porque implica de algún modo, reconocer la culpa y el daño cometido a la otra persona. En Psicología, ambas acciones se consideran capacidades del ser humano, que también suelen tener efectos terapéuticos positivos

¿Qué es el perdón y para qué sirve?

Perdonar significa apaciguar la ira interior que queda tras el daño recibido. Eliminar la sed de venganza, de dolor ajeno, supone restablecer el equilibrio y la justicia con el lado contrario de la moneda del mal.

Durante años, hemos crecido con esta definición: el perdón es disculpar a otro, reconocer la culpa y apaciguar la ira, pero hay otras maneras de buscar el auténtico perdón y es bueno saberlo.

 
Si hiciéramos una lista de personas a las que deberíamos perdonar, nosotros tendríamos que estar en el primer lugar.
 

Cuesta entender y aceptar esta afirmación, pero así es…a la primera persona a la que deberíamos perdonar es a nosotros mismos.Entenderlo, tomar la decisión y saber hacerlo, no es fácil, es una tarea de trabajo interior el cual te lleva a un crecimiento personal y a una liberación de carga psicológica tremenda.

Te beneficias enormemente cuando decides perdonarte y lo mismo ocurre con todos a tu alrededor. El perdón permite liberarte de las creencias y actitudes limitantes. Liberar tus energías mentales y emocionales, para que puedas aplicarlas a la creación de una vida mejor.

 
Piensa en la siguiente reflexión: ¿Te cuesta perdonar a los demás? Si la respuesta es sí, significa que tampoco sabes perdonarte a ti mismo.
 

A todos nos han hecho daño alguna vez a lo largo de nuestra vida.

Todos vivimos a diario situaciones en las que somos causantes o víctimas de una ofensa. Suelen ser tan menudas que procuramos olvidarlas para no alterar nuestro equilibrio emocional. Al fin y al cabo, confiamos en que no se repitan, o suponemos que no hubo mala intención o, sencillamente, que no afectarán a la estabilidad psíquica. Ahora bien, cuando el daño supera nuestro nivel de tolerancia, el sufrimiento se hace más intenso; y si se prolonga en el tiempo, pone a prueba nuestra resistencia mental y física. Entonces, devolver el daño sufrido, con la esperanza de recuperar el equilibrio, se nos presenta como algo instintivo.

 

 

 

 

Pero la venganza sólo convierte en agresor a la víctima, y no asegura la paz interior.

 

 

La relación entre lo psíquico y lo somático es estrecha, como lo demuestra el componente biológico de las emociones, como el afán de venganza y el resentimiento. Ambas son emociones auténticamente tóxicas que nos desgastan con una fuerza extraordinaria que las expande a todos los rincones del fondo vital. No nos dejan vivir en paz, y nos mantienen en un constante estado de alerta. En esas condiciones, los mediadores biológicos del estrés, como la adrenalina o el cortisol, podrían alterar el funcionamiento del organismo y, más en concreto, los sistemas inmunitario y endocrino, y la función cardiovascular. De hecho, algunos estudios demuestran que las personas con mayor actitud y capacidad para perdonar necesitan menos recursos de salud, consumen menos fármacos, poseen un umbral del dolor superior y, en última instancia, una mayor longevidad.

Aceptar, asumir e integrar nuestros errores, no es fácil, ya que  nuestro ego, delante de esta situación  se siente incómodo, agitado, rebelde e intentará siempre convencerte de que la culpa no es nuestra , sino de otra persona o circunstancia

Pero el secreto está, en ese viaje interior de asumir que no somos perfectos, de que se pueden cometer errores, que de esos errores, se aprende y

 
es en ese momento, cuando  la culpa se desvanece y empiezas a aceptarte realmente con tus cosas buenas y tus cosas malas, sabiendo y sintiendo que tienes la opción de equivocarte y perdonarte

 

 

El perdón te ayuda a alcanzar incluso tus metas más prácticas e inmediatas. Si no has perdonado entonces, una parte de tu energía de vida interior está atrapada en el resentimiento, la ira, el dolor o el sufrimiento de algún tipo. Esta energía vital atrapada te limitará. Te hace más lento, te frustra y hace que sea difícil avanzar.

El perdón es una decisión, no un sentimiento. Podemos elegir perdonar.

Las decisiones que tomes y las cosas que creas que son posibles todas serán influenciadas por las formas en las que no has perdonado. A medida que aprendas a perdonar la energía que estaba yendo hacia los  pensamientos y sentimientos tristes consigue liberarse y puede fluir para crear la vida que deseas en lugar de limitarte, o crear más sufrimiento.

Como decía Hanna Arendt en La condición humana (1958), el hombre necesita del perdón y de la confianza para vivir en sociedad. Si es así, ¿por qué no perdonamos más veces?

Si no quieres aprender a perdonarte a ti mismo para beneficiarte; entonces, intenta aprender a perdonar para que puedas beneficiar a otros. A medida que aprendas, tú beneficias a todo el mundo que está en contacto contigo. Tu pensamiento será más claro y más positivo que antes.

Tú tendrás mucho más para dar y más fácilmente disfrutarás compartiendo lo que tienes. Tú te convertirás naturalmente y fácilmente más amable, generoso y más solidario con los demás

Vas a tener una actitud más feliz y más positiva con las personas en tu vida y van a responder más positivamente a ti a cambio.

Una persona que perdona siempre es mucho más fácil de estar cerca de que una que no perdona. La calidad de tu vida depende de la calidad de tus relaciones. Cada aspecto de tu vida va a cambiar para mejor a medida que aprendas a perdonar; ya sea en tu familia, tu vida laboral o tu vida social. Aprender a perdonar mejorará todas tus relaciones, debido a que tu actitud va a mejorar. A medida que tus relaciones mejoren, entonces todos los aspectos de tu vida también mejorarán. 

Variables que pueden influir  en la capacidad de perdonar.

Algunos de los elementos que se relacionan con una mayor o menor probabilidad de perdonar se encuentran a continuación:

  • Severidad o gravedad de la transgresión: La probabilidad de perdón es inversamente proporcional a la gravedad que para cada uno suponga el agravio (Waldron y Kelley, 2005).
  • Emociones negativas: En una investigación realizada por Merolla en 2008 se observó que la presencia de emociones negativas como el dolor, enfado y tristeza hacen menos probable la probabilidad de conceder perdón.
  • Empatía: La empatía ha sido relacionada directamente con el perdón, siendo necesario cultivarla para poder dejar ir el dolor. Podemos generar empatía teniendo en cuenta el contexto y la situación que pudo llevar a la otra persona a actuar de esa manera.
  • Dependencia: La dependencia emocional también parece estar relacionada con una mayor capacidad de perdonar. La persona dependiente teme las consecuencias de un conflicto explícito con la otra persona, ya que necesita de forma continuada su presencia y aprobación, respondiendo con una mayor probabilidad de perdón ante una transgresión.

Aprender a perdonarse a sí mismo es de vital importancia. Herirte a ti mismo, negándote a perdonarte a ti mismo perjudica también a otros. Si no te perdonas a ti mismo, entonces te castigaras por negarte a ti mismo las cosas buenas de la vida. Cuanto más te niegas a ti mismo cuanto menos tendrás que dar. Cuanto menos tienes que dar ,menos puedes beneficiar a aquellos que te rodean. Cuando dejes de limitar lo que recibes, entonces dejas de limitar lo que puedes dar. Todos se benefician cuando te perdonas a ti mismo ya que entonces te permites más bien en tu vida, y tienes mucho más para compartir.

Comprender que todos podemos cometer errores, te ayudará también a liberarte de la culpa, la cual es la que no te permite aceptar un error , sino culpar de ese error , pero eso te quita poder y hace que arrastres contigo sentimientos negativos .

La culpa es un sentimiento paralizante.Veamos las principales razones podemos destacar las siguientes:

  • Condicionamientos adquiridos desde la infancia. Generalmente desde niños siempre nos enseñan que debemos de portarnos bien y de actuar de una determinada manera porque sino estaremos dejando de hacer lo “correcto”. Estos condicionamientos están determinados por cuestiones morales que dicta la sociedad, por la religión, las creencias de nuestros padres y/o cuidadores
  • Necesidad de reconocimiento y aprobación. Desde pequeños solemos realizar ciertas conductas con el fin de ganar la aprobación de los padres ya que de esta manera nos sentimos más queridos y aceptados. Todo esto se puede ver reflejado en algunas ocasiones en nuestra relación con otras personas en donde aparece aquel sentimiento de aprobación que surgió en nosotros desde niñ
  • Temor a sentirnos “malas personas”. La mayoría de las personas ha llevado a considerar que el hecho no llegar a sentirse culpables los convierte en “malas personas”, por lo que intentan por todos los medios experimentarlo.
  • No hacernos responsables de nuestros actos. Algunas personas prefieren cargar toda su vida con el sentimiento del culpa a querer remediar lo que hicieron en algún momento ya que puede implicar para ellos hacer un gran sacrificio.
  • Pensar que nos merecemos sentirnos así. Muchas personas no pueden desprenderse de su sentimiento de culpa ya que realmente creen que por lo que hicieron merecen estar sufriendo y torturándose continuamente a si mismos.
  • No hemos respetado nuestras normas o las de otros. Otro aspecto por el cual tendemos a sentirnos culpables es porque sentimos que no hemos respetado nuestros límites o normas personales que nos habíamos propuesto. También podemos sentirnos culpables por no haber respetado las de otras personas.

Practicar el perdón fortalece la bondad en tu interior para que seas más activo en tu vida. Aprender a perdonar sólo puede ayudarte; no puede hacerte daño. Te aceptarás tal cual eres y vencerás la culpa que puede llevarte a paralizar.

El perdón es inmensamente práctico y útil. No hay nada vago, o poco práctico al respecto. EL PERDÓN TE LIBERA. Será como si pudieses ver tu vida desde arriba y pudieses ver la forma más fácil de llegar a donde quieres estar. La vida se abre frente a ti.

A medida que aprendas a perdonar, las habilidades que habían estado latentes en tu interior surgirán, y descubrirás que tú mismo eres una persona mucho más fuerte y más capaz de lo imaginado previamente.

 

Según Enric Corbera, perdonar es dar las gracias por el aprendizaje y estos son los pasos que te pueden ir bien para entender este proceso:

1) Identifica tus emociones (a menudo hay más de una). Toma consciencia de la acusación que te haces a ti mismo o que le haces a otro y de lo que ésta te hace sentir.

2) Asume tu responsabilidad. Ser responsable es reconocer que siempre tienes la opción de reaccionar con amor o con miedo. ¿De qué tienes miedo? Date cuenta también de que tienes miedo de que te acusen de tener miedo.

3) Acepta al otro y suéltate. Para lograr soltarte y aceptar al otro, ponte en su lugar y siente sus intenciones. Acepta la idea de que la otra persona se acusa y te acusa probablemente de la misma cosa que tú. Ella tiene el mismo miedo.

4) Perdónate. Esta es la etapa más importante del perdón. Para realizarla, date el derecho de haber tenido y de tener todavía miedo, creencias, debilidades y limites, que te hacen sufrir y actuar. Acéptate tal y como eres ahora, sabiendo que es temporal.

5) Ten el deseo de expresar el perdón. A modo de preparación para la etapa siguiente, imagínate con la persona adecuada en el acto de pedirle perdón por haberla juzgado, criticado o condenado. Estarás listo para hacerlo cuando la idea de compartir tu experiencia con dicha persona te suscite un sentimiento de alegría y de liberación.

6) Ve a ver a la persona en cuestión. Exprésale lo que has vivido y pídele perdón por haberla acusado o juzgado y por haber estado resentido con ella. Menciónale que la has perdonado solo si te lo pregunta.

7) Haz el enlace con un cordón o una decisión ante uno de tus progenitores. Recuerda un acontecimiento similar que ocurriera en tu pasado con una persona que representase a la autoridad: padre, madre, abuelos, maestro, etc. Generalmente será́ del mismo sexo que la persona con la cual acabas de realizar el perdón. Vuelve a efectuar todas las etapas con esta persona (la figura de autoridad).

Cuando la emoción sentida sea hacia ti mismo, realiza los pasos 1, 2, 4 y 7.

Date el tiempo necesario para realizar el proceso del perdón. En cada etapa puede pasar un día o un año. Lo importante es que tu deseo de lograrlo sea sincero. Cuando la herida es grande y profunda o el ego se resiste, puede tomar más tiempo. Si la etapa seis del proceso del perdón te resulta difícil, debes saber que es el ego el que se resiste.

Qué no es el perdón:

Debido a que perdón es una palabra muy cargada ideológicamente, proponer los pacientes que realicen un proceso de perdón puede llevar a malos entendidos y por ello es necesario discutir con ellos qué es y qué no es el perdón que se propone. Algunos de los puntos que puede ser necesario aclarar son los siguientes:

El perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación. Perdonar o pedir perdón son opciones personales que no necesitan de la colaboración de la otra persona. Sin embargo, la reconciliación es un proceso de dos. Por ejemplo, el perdón no supondrá nunca restaurar la relación con alguien que con mucha probabilidad pueda volver a hacer daño.

El perdón no implica olvidar lo que ha pasado. El olvido es un proceso involuntario que se irá dando, o no, en el tiempo. Solamente implica el cambio de conductas destructivas a positivas hacia el ofensor, tal y como se ha indicado. Hay ideas erróneas asociadas con el perdón como que si se perdona no se debe acordar o sentirse enfadado por lo ocurrido. Recordar algo es un proceso automático que responde a estímulos que se pueden encontrar en cualquier parte y los sentimientos que se tienen no se pueden modificar voluntariamente, las respuestas que damos cuando tenemos  esos sentimientos si pueden llegar a ser voluntarias. El perdón no supone justificar la ofensa que se ha recibido ni minimizarla. La valoración del hecho será siempre negativa e injustificable, aunque no se busque justicia o se desee venganza.

El perdón del que se trata tampoco supone obligatoriamente levantar la pena al ofensor y que no sufra las consecuencias de sus actos. Para que se dé la reconciliación es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, o cumpla la pena que la sociedad le imponga. El perdón consiste en que el que perdona deja de buscar activamente que se haga justicia y es parco en las consecuencias que busca y, sobre todo, no intenta obtener una descarga emocional junto con la justicia.

Perdonar no es síntoma de debilidad, porque no se trata de dar permiso al otro para que vuelva a hacer daño, sino que se puede perdonar cuidando de que no nos hagan daño de nuevo.

Así pues, quien perdona se libera de un vínculo de apego negativo con aquella experiencia traumática, dando fin a un ciclo de dolor personal y abriendo la posibilidad a ser perdonado en otra ocasión

Guardar rencor causa más dolor y malestar físico a quien lo sufre que a la persona que lo lastimó, y a la vez, une más a estas personas de lo que el agredido quisiera

EL PERDÓN SE HA CONVERTIDO EN UN TEMA DE INTERÉS CIENTÍFICO, promovido por la psicología positiva, ya que influye en el bienestar del ser humano, así pues ser conscientes de las cosas que arrastramos sin perdonar y ponernos a trabajar en ellas , puede aportarnos más beneficios de los que hasta ahora podíamos imaginar.

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