Estrés: ¿Qué es?

Todos hemos oído hablar del estrés, e incluso muchos hemos mencionado alguna vez que estamos estresados, pero en definitiva ¿qué es el estrés?

Se considera estrés al mecanismo que se pone en marcha cuando una persona se ve envuelta por un exceso de situaciones que superan sus recursos. Por lo tanto, se ve superada para tratar de cumplir con las demandas que se le exige para superarlas.

 
En estos casos, la persona, experimenta  una sobrecarga que puede influir en el bienestar tanto físico, como psicológico y personal.

 

 

Todo el mundo se siente estresado de vez en cuando. Hay diferentes tipos de estrés y todos originan riesgos para la salud física y mental, si perduran.

Un factor estresante, puede ser un acontecimiento que suceda una sola vez o que dure poco tiempo, pero también  puede ocurrir reiteradamente y durante un largo período de tiempo. Algunas personas pueden lidiar con el estrés más eficazmente o recuperarse de los acontecimientos estresantes más rápido que otras.

Las causas que pueden ocasionar el estrés son muchas, pero el estrés no tiene por qué ser malo, también hay estrés positivo. En estas circunstancias el estrés actúa como un proceso general de adaptación de los individuos al medio.

 
No todo estrés es malo.

 

 

Por ejemplo, como respuesta al peligro, el estrés le indica al cuerpo que se prepare para enfrentar una amenaza o huir a un lugar seguro. En estas situaciones, el pulso y la respiración se aceleran, los músculos se ponen tensos y el cerebro consume más oxígeno y aumenta la actividad. El propósito de todas estas funciones es la supervivencia y surgen como respuesta al estrés. En situaciones en que la vida no está en peligro, el estrés puede motivar a las personas, como cuando necesitan presentarse a un examen o a una entrevista de trabajo.

En definitiva :

El estrés es una respuesta a una presión o a una amenaza. Cuando estás bajo estrés tal vez nos sintamos  tensos, nerviosos o al borde de un ataque de nervios. La respuesta del estrés también es física. El estrés provoca una inyección de una hormona llamada adrenalina que afecta temporalmente al sistema nervioso. Como resultado, cuando estás nervioso o estresado, tal vez sientas que tu ritmo cardíaco y tu respiración se aceleran, te sudan las palmas de las manos o te tiemblan las rodillas.

Pero no es necesario que una situación sea físicamente riesgosa para activar la respuesta del estrés. Las presiones de todos los días también lo pueden activar. Incluso en estas situaciones, que obviamente no ponen en riesgo tu vida, la respuesta del estrés se activa para ayudarte a tener un buen desempeño bajo presión. Te puede ayudar a estar a la altura de un desafío y de hacerlo en estado de alerta, concentrado y fuerte. Enfrentar estos desafíos, en lugar de alejarnos de ellos.Cuando el desafío desaparece, la respuesta del estrés disminuye. Puedes relajarte, recargarte, y estar preparado para un nuevo desafío.

Según la Sociedad Española para el Estudio del Estrés y la Ansiedad (SEAS), el estrés se manifiesta en una primera fase de activación o preparación de la persona frente a este estímulo; después hay un periodo de mantenimiento del estado de alta actividad y, por último, cuando se ha superado la situación, se pasa a una fase de agotamiento en la que la alta actividad cae bruscamente.

Es decir, para adaptarse a las exigencias o a las necesidades activamos el proceso del estrés que permite adaptarse y se manifiesta con reacciones como agilizar el pensamiento, emplear una conducta más enérgica, aumentar la eficacia para superar determinadas situaciones con éxito. A lo largo del día podemos vivir estrés sin consecuencias negativas, además puede favorecer al aumento de la autoestima al lograr incrementar el rendimiento y superar los retos y metas fijadas.

 
Empieza a ser perjudicial cuando no se recuperan la energía o los recursos gastados.

 

 

Si sucede esto se produce un desgaste importante del organismo. El estrés puede definirse como un conjunto de reacciones fisiológicas que se presentan cuando una persona sufre un estado de tensión nerviosa, producto de diversas situaciones en el ámbito laboral o personal: exceso de trabajo, ansiedad, situaciones traumáticas que se hayan vivido

Existen varios tipos de estrés:

Estrés normal: las reacciones fisiológicas que se dan en nuestro organismo ante determinadas situaciones y que se definen como estrés en realidad son normales, en cierta medida. Un poco de estrés y ansiedad nos puede ayudar a afrontar y superar algunas situaciones difíciles.

Estrés patológico: cuando el estrés se presenta de modo intenso por periodos prolongados, es muy probable que cause problemas físicos y psicológicos, transformándose en un estrés crónico y nocivo que puede provocar crisis de llanto, depresión, y diversas afecciones físicas.

Estrés post-traumático: es aquel que se presenta después de que una persona ha vivido algún tipo de suceso aterrador, como puede ser un accidente de tráfico o un desastre natural. A consecuencia de estos traumas, la persona tiene pensamientos aterradores con frecuencia, relacionados con la situación que vivió. Este tipo de estrés puede aparecer en personas de todas las edades, pero los niños son particularmente propensos a sufrirlo.

Estrés laboral: se le llama estrés laboral a un conjunto de reacciones nocivas, emocionales y físicas, que se producen cuando las exigencias en el ámbito laboral superan los recursos, las capacidades y/o las necesidades del trabajador. Según un estudio llevado a cabo por la OMS, el 28% de los trabajadores europeos sufre estrés laboral, y el 20% padece el síndrome llamado “burnout”.Estas cifras son anteriores al Coronavirus.

 
El estrés a largo plazo puede perjudicar su salud.
 

Hacer frente al impacto del estrés crónico puede ser todo un reto. Debido a que la fuente del estrés a largo plazo es más constante que en los casos del estrés agudo, el cuerpo nunca recibe una señal clara para volver a funcionar normalmente. Con el estrés crónico, esas mismas reacciones del cuerpo que salvan vidas pueden alterar los sistemas inmunológico, digestivo, cardiovascular, del sueño y reproductivo. Algunas personas experimentan principalmente síntomas digestivos, mientras que otras pueden tener dolores de cabeza e insomnio, sentir tristeza o enojo, o mostrar irritabilidad y otras enfermedades incluidos trastornos mentales como la depresiónla ansiedad.

Según la Asociación Americana de Psicología (APA), el estrés, en su fase normal, tiene dos tipos:

Estrés agudo: es un estrés que se ocasiona en un breve periodo de tiempo y normalmente desaparece con rapidez. Es frecuente en todo el mundo, aparece cuando se vive un proceso nuevo o excitante, o cuando se pasa por situaciones complicadas, como rupturas de pareja. Dado al escaso tiempo que dura no suele ocasionar problemas importantes para la salud.

Estrés crónico: se padece durante un periodo de tiempo más prolongado que el estrés agudo. Este tiempo puede variar desde varias semanas a meses. Las personas que padecen este tipo de estrés pueden acostumbrarse tanto a la situación de activación, que pueden llegar a no darse cuenta de que lo viven y acaban sufriendo problemas de salud. Suele aparecer cuando las personas no ven una salida a una situación compleja y deprimente, algunas veces aparece por una experiencia vivida en la niñez que se interioriza y se mantiene latente desde entonces

Síntomas de estrés: consecuencias en tu cuerpo y en tu conducta según la Clínica Mayo.

Los síntomas de estrés pueden estar afectando tu salud, aunque no te des cuenta. Puedes pensar que una enfermedad es la culpable de ese dolor de cabeza irritante, de tu frecuente insomnio o de tu menor productividad en el trabajo. Pero el estrés puede ser la causa.

Efectos comunes del estrés:

De hecho, los síntomas de estrés pueden afectar tu cuerpo, tus pensamientos y sentimientos, y tu comportamiento. Ser capaz de reconocer los síntomas comunes de estrés puede ayudarte a controlarlos. El estrés que no se controla puede contribuir a muchos problemas de salud, como la presión arterial alta, las enfermedades cardíacas, la obesidad y la diabetes.

Efectos comunes del estrés:

¿Cómo podemos prevenir el estrés?

 
Hay maneras de manejar el estrés. Maneras de mantenerlo bajo control.

 

 

No podemos vivir sin estrés, pero afortunadamente hay medios de poder hacerle frente y vivir con mayor serenidad. Estas estrategias pueden ayudarte:

Reconocer el estrés y las situaciones que lo desencadenan.

Admitir y reconocer que hay situaciones que no se pueden cambiar, aunque se quiera, y tratar de lidiar con ellas de la mejor forma posible cambiando algunos aspectos para tratar de amenizarlas.

Aprende a relajarte. El antídoto natural del cuerpo contra el estrés recibe el nombre de respuesta de relajación. Es lo opuesto al estrés y es una sensación de calma y bienestar. Puedes activar la respuesta de relajación simplemente relajándote. Aprende y practica ejercicios sencillos de respiración, después úsalos cuando te enfrentes a situaciones estresantes.

Hazte un tiempo para divertirte. Reserva tiempo en tu horario para las actividades que disfrutas: leer un buen libro, jugar con tu mascota, reírte, dedicarte a un pasatiempo, dedicarte al arte o la música, pasar tiempo con personas positivas o disfrutar de la naturaleza.

Trata bien a tu cuerpo. Haz ejercicio físico regularmente y come bien para ayudar a tu cuerpo a funcionar correctamente. Cuando estás estresado, es fácil comer a las apuradas o comer comida chatarra. Pero es especialmente en las situaciones estresantes que necesitas una buena nutrición.

Busca el lado positivo. Tus perspectivas, tus pensamientos y tu actitud modifican la manera en la que ves las cosas. ¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío? Una dosis saludable de optimismo puede ayudarte a sacar lo mejor de las circunstancias estresantes e incluso a reconocer algo que has aprendido de la situación.

Resuelve los pequeños problemas. Actúa para solucionar tus problema.

Alejarse lo máximo de la fuente potencial del estrés.

Hacer ejercicio de forma regular para liberar tensiones.

Aprender a poner límites si el estrés se origina por el exceso de tareas originadas en el trabajo o en el ámbito familiar.

Asegúrate de no sobrecargarte de actividades. Si sientes que debes esforzarte demasiado, considera quitar una o dos actividades, y elegir solo las que consideras más importantes.

Sé realista. No intentes ser perfecto. Nadie lo es. No te presiones innecesariamente. Si necesitas ayuda con el trabajo escolar o para afrontar una pérdida, pídela.

Descansa bien por la noche. Dormir lo suficiente ayuda a mantener en forma el cuerpo y la mente, y esto hará que estés mejor equipado para enfrentar cualquier elemento estresante negativo. Como el “reloj” biológico se desplaza durante la adolescencia, muchos adolescentes prefieren.

Mantener una dieta saludable y equilibrada, como la mediterránea.

Ser observador. Saber  reconocer las señales sobre cómo respondes al estrés, como la  dificultad para dormir, aumento del consumo de alcohol ,enfadarse fácilmente, sentirse deprimido y tener poca energía.

Hablar  con el médico o con otro proveedor de atención médica. No esperar  a que tu médico te pregunte si estás estresado. Inicia la conversación y obtendrás  una atención adecuada para los problemas de salud existentes o nuevos. Los tratamientos eficaces pueden ayudar si el estrés está afectando tus relaciones o tu capacidad para trabajar            Haga ejercicio de manera regular.

Date permiso para decir ‘no’ y para sentir lo que sientes.

 
Establecer  objetivos y prioridades. Distingue entre lo que ‘puedes hacer’ y lo que ‘no puedes hacer’; todos tenemos límites.

 

 

Si quieres realizar cambios, es mejor empezar por aquellos que sean más pequeños. Recuerda que es más fácil añadir nuevas conductas que eliminar antiguas.

Manténerse  conectado. No está solo. Manténerse en contacto con personas que pueden  ofrecerte apoyo emocional y ayuda práctica. Para reducir el estrés, pide  ayuda a amigos, familiares y organizaciones comunitarias. Muchas veces lo que hay que hacer es pararse y analizar el problema desde otra perspectiva y tomar otros caminos, si es necesario.

 
Es muy importante saber detectar el estrés.

 

 

Como hemos visto, el estrés es necesario para superar las situaciones que demandan más esfuerzo y activación: lo que es necesario prevenir es el exceso de este. Es beneficioso saber detectar este estrés y ver si se repite de forma innecesaria para poder frenarlo y evitar poner en riesgo la salud y el bienestar.

Diagnóstico:

La forma más generalizada para diagnosticar el estrés es mediante una exploración por parte de algún experto. Estos realizarán uno o varios cuestionarios que permitirán identificar los casos de pacientes que padecen estrés. Uno de los cuestionarios más empleados es la “escala de estrés percibido”. También hay otros que valoran los sucesos vitales, estresantes o las consecuencias emocionales que pueden presentar las personas que son sometidas a mucho estrés.

 Esta escala fue diseñada por Cohen Kamarck y Mermelsteinen. Originalmente constaba de catorce preguntas, que había que valorar entre cero y cuatro, siendo cero nunca y cuatro siempre. Las preguntas son:

¿Con qué frecuencia ha estado afectado por algo que ha ocurrido inesperadamente?

¿Con qué frecuencia se ha sentido incapaz de controlar cosas importantes en su vida?

¿Con qué frecuencia se ha sentido nervioso o estresado?

¿Con qué frecuencia ha manejado con éxito los pequeños problemas irritantes de la vida?

¿Con qué frecuencia ha sentido que ha afrontado efectivamente los cambios importantes que han estado ocurriendo en su vida?

¿Con qué frecuencia ha estado seguro sobre su capacidad para manejar sus problemas personales?

¿Con qué frecuencia ha sentido que las cosas le van bien?

¿Con qué frecuencia ha sentido que no podía afrontar todas las cosas que tenía que hacer?

¿Con qué frecuencia ha podido controlar las dificultades de su vida?

¿Con qué frecuencia ha sentido que tenía todo bajo control?

¿Con qué frecuencia ha estado enfadado porque las cosas que le han sucedido estaban fuera de su control?

¿Con qué frecuencia ha pensado sobre las cosas que le quedan por lograr?

¿Con qué frecuencia ha podido controlar la forma de pasar el tiempo?

¿Con qué frecuencia ha sentido que las dificultades se acumulan tanto que no puede superarlas?

Fases del estrés:

El estrés presenta unas fases diferenciadas:

Fase de alarma o huida:

Al presentarse una situación a la que tenemos que hacer frente, el cuerpo se prepara para producir recursos para abordar dicha situación. Ésto conlleva unos cambios metabólicos que provocan diferentes reacción en nuestro cuerpo: tensión muscular, agudización de los sentidos, aumento de la frecuencia cardíaca, elevación del nivel de insulina para que nuestro cuerpo desarrolle la energía necesaria, liberación de adrenalina, cortisol y otras hormonas

Fase de resistencia:

Cuando la situación a la que tenemos que hacer frente se alarga en el tiempo, nuestro cuerpo genera una reacción de adaptación a la situación. Esta etapa, continuación de la siguiente, permite compensar el gasto de energía ocasionados e impedir el agotamiento de los recursos disponibles

Fase de agotamiento:

Cuando se presenta esta fase el cuerpo no ha podido resistir las demandas de recursos en las anteriores etapas y pierde su capacidad de respuesta. El organismo se colapsa y las reservas psíquicas y físicas se agotan, convirtiendo el estrés en crónico.

Otros datos…

Estrés laboral

La vida laboral en general tiene una serie de estresores psicosociales que, a veces, pueden ocasionar conflictos emocionales por la existencia de, por ejemplo, demandas no razonables o la incapacidad de seguir el ritmo de trabajo

Frente a las exigencias laborales, se ponen en marcha los mecanismos de activación, se toman más rápido las decisiones, se acortan procesos de acción, se ordenan mejor los pensamientos. De esta forma  se incrementa el rendimiento y de ese modo aumentar la productividad del trabajador

 
El estrés es la forma cómo el cerebro y el cuerpo responden a cualquier demanda.

 

 

Cualquier tipo de desafío—como el rendimiento en el trabajo o la escuela, un cambio importante en la vida o acontecimientos traumáticos—puede causar estrés.

Consideraciones:

Hay dos tipos principales de estrés:

Estrés agudo. Este es estrés a corto plazo que desaparece rápidamente. Puede sentirlo cuando presiona los frenos, pelea con su pareja o esquía en una pendiente. Esto le ayuda a controlar las situaciones peligrosas. También ocurre cuando hace algo nuevo o emocionante. Todas las personas sienten estrés agudo en algún momento u otro.

Estrés crónico. Este es el estrés que dura por un período de tiempo prolongado. Usted puede tener estrés crónico si tiene problemas de dinero, un matrimonio infeliz o problemas en el trabajo. Cualquier tipo de estrés que continúa por semanas o meses es estrés crónico. Puede acostumbrarse tanto al estrés crónico que no se de cuenta que es un problema. Si no encuentra maneras de controlar el estrés, este podría causar problemas de salud.

 
Si crees que el estrés es el responsable de tus problemas de salud, debes consultar a tu médico de confianza.

 

Cuando el estrés no disminuye.

El estrés no siempre ocurre como respuesta a cosas que son inmediatas y terminan rápidamente. Los eventos continuos o a largo plazo, como afrontar un divorcio o mudarse a un nuevo vecindario o una nueva escuela también pueden causar estrés.

Las situaciones estresantes a largo plazo pueden producir estrés duradero y de bajo nivel que puede hacer que una persona se sienta cansada o abrumada. Encontrar maneras de afrontar una situación difícil puede prevenir que ocurra esto y aliviar el estrés. A veces, las personas necesitan ayuda con las situaciones complejas que provocan un estrés intenso o duradero.

 
Puedes ser pro- activo, para manejar el estrés que acompaña a cualquier nuevo desafío, tanto positivo como negativo.

 

 

Las habilidades de manejo del estrés, te serán más útiles si las practicas con tiempo y las aceptas como una rutina en tu vida diaria, no solo cuando ya sientes la presión.

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