Infelicidad laboral

El trabajo es un derecho fundamental, pero también puede llegar a ser una carga insufrible. Cuando esto último sucede se impone la necesidad de un cambio, o bien por parte de la empresa o bien por parte del trabajador, o de ambos.

 
Una situación negativa en la empresa no sólo crea infelicidad en el empleado sino en una insatisfacción que puede arrastrar hacia su vida personal y social.
En los casos extremos, puede sufrir enfermedades graves o la muerte.
Existen una serie de síntomas que denotarían inequívocamente que nos encontramos ante una situación de infelicidad o insatisfacción laboral.
La frustración profesional por no tener la oportunidad (por falta de ofertas laborales) o posibilidad de crecer o promocionar en el trabajo sería uno de estos síntomas, pero no el único. Sentirnos frustrados en el ámbito laboral puede ser uno de los síntomas para sentirnos en una situación negativa de infelicidad.
Tener la sensación de no pertenecer a la empresa por sentirnos aislados o por el “ninguneo” de los compañeros también da lugar a alarma, así como la falta de comunicación (el empleado no es escuchado), el estrés, las injusticias promocionales o la presión laboral. Sentirnos parte de la empresa y sentir que lo que hacemos es de gran ayuda, en nuestros sentimientos y, en consecuencia, influye en nuestra felicidad laboral.
A veces para el trabajador la solución es sencilla: cambiar de empleo o de empresa. Pero la precariedad laboral, las responsabilidades familiares y económicas o la incertidumbre laboral en la mayoría de las ocasiones no hacen tan fácil tomar esa decisión y terminamos aceptando la insatisfacción como un mal necesario. Muchas veces la situación económica es la que no nos permite dar el paso de cambiar de empleo o empresa.
Sin embargo, esa “aceptación” podría dejar de ser tan frustrante e insatisfactoria si el trabajador trata de buscar nuevas motivaciones que le ayuden a encontrar un empuje positivo. Si el trabajador encuentra nuevas motivaciones en su rutina laboral, o se impone nuevos objetivos que puede ayudarle a tener esa motivación diaria, podría eliminarse o minimizar esa insatisfacción laboral.
Por ejemplo, muchos estudios demuestran que dormir las horas necesarias y llevar una alimentación saludable ayudan a emprender el día con más energía, estar más relajado y rendir más en el trabajo. Si llevamos una vida saludable, seremos más felices y afrontaremos la jornada laboral de una manera positiva. Son pequeños hábitos; irnos a dormir media hora antes o mejorar nuestra alimentación, que pueden conseguir grandes cambios. La nutrición y los hábitos saludables son aspectos clave para nuestra felicidad y nuestra productividad.
Practicar algún tipo de ejercicio físico es otra de las claves para estar activo, pero también apuntarse a cursos o estudios especializados para mantenerse al día. Mantener nuestra mente activa, pero estando en esa situación de calma, disfrutando del momento ayuda mucho.
Igualmente desechar el aburrimiento en el puesto de trabajo y ser organizado. Si mantenemos un escritorio desordenado, lleno de caos, ese caos se va a trasladar a nuestra mente. Mantener un espacio de trabajo limpio, ordenado y solamente teniendo a vista los objetos necesarios ayuda a la satisfacción laboral y nos permite trabajar de manera más productiva.
Un dato fundamental es desconectar del ámbito laboral tanto en las pausas de la comida como en los fines de semana y las vacaciones. Por ejemplo, relajarse simplemente cambiando de tema. Un buen ejemplo de desconexión sería apagar o silenciar el teléfono móvil, el cual nos distrae y no nos ayuda a relajarnos.
 
El tiempo libre es necesario. Es necesario desconectar para poder conectar.
Tampoco es mala idea tener nuestro puesto de trabajo como un lugar agradable incorporando detalles personales que nos hagan sentirnos cómodos o sonreír cuando los miramos. Podríamos tener un cuadro con la foto de las personas que queremos, un detalle que nos hayan regalado, cualquier cosa que nos ayude a sentirnos mejor.
 
Ser flexible ante los nuevos retos que nos plantea la empresa es importante porque puede conllevar oportunidades laborales con las que no habíamos contado. No hay que tener miedo a los cambios.
Nunca sabemos las cosas buenas que nos puede traer un pequeño cambio. Tenemos que ser proactivos y afrontar con ganas los cambios.
Intentar tener una buena relación y una actitud positiva con los compañeros y los jefes es determinante para ser feliz en el trabajo ya que son muchas horas las que pasamos con ellos en ese ámbito, pero además puede favorecer el clima de respeto y amabilidad.
La actitud positiva en el trabajo tiene necesariamente que empezar por nosotros mismos. Ser feliz es una cuestión de actitud, hay que fomentarlo. Tenemos que ser capaces de coger el día con ganas, y eso empieza por tener una actitud positiva.
En la otra cara de esta moneda de infelicidad laboral estaría la empresa. Para paliar esto desde su posición, el empresario debe aprender a gestionar su liderazgo e intentar introducir cambios en la gestión de la empresa orientados a facilitar la felicidad en el trabajo de sus empleados. En este sentido, el cambio es posible.
La empresa tiene que ser capaz de identificar a esos empleados que no están satisfechos o infelices, y si ellos mismos no son capaces de mejorar la situación, la empresa debería de ofrecerles ayuda. A veces nosotros mismos no somos capaces de identificar cuando estamos mal, pero otros pueden identificarlo por nosotros, en este caso, la empresa. La empresa juega un gran papel y si pone de su parte, como hemos mencionado anteriormente, el cambio hacia algo positivo y mejor es posible.
Es posible mejorar la satisfacción laboral y la productividad de nuestros empleados y, de hecho, debería de ser una de las mayores preocupaciones de la empresa. Si nuestros empleados están felices, realizarán mejor su trabajo y, en consecuencia, obtendremos mejores resultados. Si no es así, los problemas y la insatisfacción laboral estarán presentes en nuestro día a día.

Tendencia en auge

El “wellbeing” es un concepto que se ha puesto de moda últimamente, pero que está arraigando con fuerza. Cada vez es más común escuchar entre las empresas esta palabra.
El término no se refiere sólo a un estado de tranquilidad y satisfacción personal gracias a unas buenas condiciones físicas y mentales (actividad emocional y desarrollo personal), que también, sino a que en su lugar de trabajo esa persona encuentre determinadas prácticas que le hagan sentirse bien de forma global, y por tanto rendir más. Es decir, abarca tanto el estado emocional personal como la situación laboral y su satisfacción ante el trabajo. Dicho en pocas palabras, el wellbeing es la suma entre la felicidad y la productividad de la persona.
Según la teoría del bienestar o el modelo PERMA del psicólogo Martin Seligman, el estado de bienestar depende de cuatro variantes: el logro, el compromiso, las emociones positivas y los vínculos positivos. De este modo, la empresa tendrá que fomentar la aplicación de estas variantes. En el fondo, esta iniciativa es la apuesta de las empresas por motivar a sus empleados con pautas positivas que repercuten a nivel personal y colectivo del grupo.
Existen varios aspectos en los que la empresa puede influenciar y puede ayudar a sus empleados a conseguir el wellbeing. Estas cuatro variantes son en la que la empresa puede ayudar:
1.Bienestar emocional
2.Bienestar físico
3.Nutrición
4.Conciliación
5.Servicios médicos jurídicos
Todo ello se está tratando de fomentar en las empresas con un grado elevado de compromiso con sus empleados, porque se han dado cuenta que el bienestar, a todos los niveles, según los últimos estudios de la psicología, es beneficioso para atraer emociones y vínculos positivos, así como cierto grado de compromiso y alcance de logros.
En definitiva, que
 
el “wellbeing”, o bienestar laboral, es la forma de atraer más felicidad para los empleados y con ello más productividad para los empresarios.
O lo que es lo mismo: los empresarios deben cuidar a sus empleados pues cuanto más felices sean estos más y mejor será la marcha de la empresa.
Las empresas tienen que tener en cuenta que cuanto más felices sean sus trabajadores, más productivos serán en su trabajo. Por lo que es importante cuidar a los trabajadores.

Buenas prácticas

Desde este punto de vista, son varias las iniciativas que se apuntan como positivas y saludables para que las compañías aborden esa felicidad de los trabajadores que mejorarán su rendimiento.
En primer lugar, estaría el bienestar físico. En este sentido, no se trata de que la empresa cuide de minimizar accidentes o de la seguridad laboral de sus empleados, sino más bien de potenciar la salud de estos creándoles condiciones, planes o actividades físicas dirigidos por profesionales deportivos, organizando carreras a nivel de empresas, poniendo un gimnasio en la oficina o cosas similares en este aspecto.
En segundo lugar, estaría el bienestar emocional cuyo objetivo principal consistiría en reducir, y en último término eliminar en lo posible, el estrés y la ansiedad de los trabajadores en la empresa llevando a cabo una serie de iniciativas encaminadas a ello, como cursos, seminarios y talleres motivacionales y de relajación (mindfulness) llevados a cabo por profesionales de este ramo tanto de forma individual como en grupo. Con ello se persigue minimizar las bajas laborales por estos motivos.
Le seguiría el campo de la nutrición. Es decir, todo lo que tenga que ver con el bienestar a través de la salud alimenticia. O lo que es lo mismo, que la empresa adopte medidas, mejor si es supervisado por un nutricionista, para que los empleados tengan a su alcance menús saludables en el comedor (si es que existe) o en las máquinas de “vending” poder surtirse de artículos más sanos y naturales.
Otra iniciativa que puede ayudar a la conquista de ese bienestar laboral sería la conciliación, es decir, tener en cuenta la flexibilidad de horarios, bajas por maternidad/paternidad, favorecer el teletrabajo o simplemente remodelar espacios para que resulten más placenteros y relajantes.
Otro aspecto importante sería la de facilitar a sus trabajadores servicios médicos y jurídicos concertados con el fin de que si en algún momento les son necesarios acudir a ellos con plenas garantías de que su empresa está detrás como garantía.
Así pues, estas prácticas llevadas a cabo por la empresa para sus empleados estarían enfocadas en mejorar la salud ocupacional de estos y con ello la transformación positiva de la empresa. En consecuencia, logrando el wellbeing de los trabajadores, siendo más felices y más productivos.
Las compañías que ya han incorporado este tipo de programas de forma estratégica para fomentar hábitos saludables se muestran muy satisfechas con los resultados medibles alcanzados a corto, medio y largo plazo en términos de productividad, competitividad, innovación y rentabilidad del negocio. Si estáis en una situación parecida, os animamos a implantar alguna de las medidas mencionadas anteriormente.

Estrés laboral

 
Según un informe de la La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo la mayoría de las bajas anuales de los trabajadores en su empresa se producen por temas asociados con el estrés.
De hecho, este estrés estaría relacionado con las malas prácticas laborales que son las que influirían de forma determinante en producir algún tipo de enfermedad diagnosticada o incluso la muerte.
Estas malas prácticas están casi siempre asociadas con largas jornadas de trabajo, horarios irregulares, precariedad, ausencia de control laboral o conflictos entre el trabajo y la familia.
En otro informe elaborado por el Foro Económico Mundial se dice que, a nivel mundial, más o menos las tres cuartas partes de los gastos de salud están vinculados a las enfermedades crónicas y las no contagiosas, y que estas, a su vez, representan el 63% de todas las muertes.
Científicamente está demostrado que el estrés es el que provoca las enfermedades crónicas, al mismo tiempo que las formas de vida no saludables como beber, fumar, las drogas o ciertos tipos de comida. Pero también comer en exceso o de forma acelerada a causa del estrés.
En este sentido, varios estudios revelan que el lugar de trabajo es uno de los principales motivos de estrés en los individuos, y, por tanto, una causa importante del déficit en los sistemas de salud, ya que se ha estimado que paliar este problema supone un costo real de miles de millones cada año. De modo que, si las empresas pueden influenciar y ayudar a que sus trabajadores estén menos estresados, supondría una mejora inmensa en los datos, ya que las empresas son las que pueden ayudar a mejorar ese aspecto desde dentro.
Por otro lado, el estrés, la ansiedad o la depresión relacionadas con el trabajo se han convertido en la quinta causa de muerte en el mundo. Son unos datos estremecedores.
De hecho, actualmente contamos ya con una palabra específica para referirnos a las muertes causadas por estrés laboral y por exceso de trabajo: Karoshi. Japón es uno de los países que lidera este ranking, pero todos los países registran un aumento de casos.
En definitiva, las malas prácticas en el trabajo no sólo son perjudiciales para los empleados, sino que también suponen un daño irreparable a la larga para la empresa.
Así, siempre que se pueda o se tenga la oportunidad, deberíamos elegir a nuestro empleador en función de nuestra salud psicológica y física y no tanto del salario y la promoción.

Productividad versus creatividad

Según algunas investigaciones recientes, contrariamente a lo que se ha creído hasta ahora, llenar nuestra vida cotidiana con múltiples tareas ocupando todas las horas del día es totalmente contrario a la productividad.
Esos estudios especifican que la capacidad creativa y de razonamiento se van diluyendo según avanza la jornada laboral, es decir, en una jornada por ejemplo de 14 horas lo que hacemos al final, con toda seguridad, es de mala calidad.
El trabajo sin descanso, además de perjudicar seriamente nuestra salud, no nos hace más productivos porque el cerebro no es una máquina, sino que en este caso se asemeja a un músculo que se ejercita sin descanso. Trabajar más horas no siempre implica que esas horas de más estén aprovechadas y sean efectivas. No siempre vamos a ser igual de productivos.
El resultado es que nuestro cerebro no responderá de forma activa porque estará agotado. En cambio, si le damos intervalos de tiempo de descanso se restablecerá en las mejores condiciones. Darnos descansos durante la jornada laboral no será perjudicial para nuestra productividad, es más, será beneficioso.
Alargar el tiempo de concentración y efectividad sin descanso del cerebro (y en su caso del cuerpo) es autodestructivo y se puede volver en nuestra contra. Debemos escuchar las señales. Debemos detectar los momentos en los que nuestro cerebro y nuestro cuerpo nos pide un descanso, y dárselo. Permitirnos unos minutos de descanso.
Se ha demostrado que quien trabaja muchas horas seguidas en periodos largos de tiempo (síndrome de “trabajar en exceso”) tiene un 40% más de probabilidades de padecer algún tipo de enfermedad coronaria.
Todavía más. No se ha demostrado que haya una correspondencia entre la producción de un país y el promedio de horas que han trabajado sus ciudadanos. De hecho, en países donde se trabaja cuatro horas menos de media, sus horas resultan más productivas.
Por eso, la mayoría de los estudios señalan que trabajar 5 horas por día (25 horas a la semana) sería el ideal tanto para la creatividad de sus empleados como para la producción de la empresa, y por tanto para sus ganancias.
Se estima que rendimos bien sólo algo menos de tres horas de media, el resto de la jornada laboral en una empresa se emplea en hablar con los compañeros, navegar por internet, etc. Por lo que trabajar más horas no siempre implica una buena productividad laboral.
De este modo, las instituciones y las empresas deberían de rediseñar la estrategia laboral y plantearse si trabajar más es del todo productivo, o si trabajásemos menos horas seríamos más productivos. Todavía nos queda mucho por aprender y mejorar en este ámbito.

Trucos que funcionan

La consigna sería: descansar, jugar, visitar amigos o familiares, coger vacaciones…, algo que se han permitido las mentes más creativas y productivas de la actualidad y la antigüedad, aunque hayan seguido manteniendo la obsesión por el trabajo. Dejar la mente en blanco y descansar. Permitirte desconectar y descansar del trabajo.
Porque “descansar” no significa necesariamente “no hacer nada”. Cuando descansamos, en nuestro cerebro se activa la red neuronal por defecto (RND) que, según la ciencia, se ocupa de la memoria del presente y el pasado y nos otorga también una visión de futuro. Es decir, de darle sentido a las cosas, y, por tanto, a reconocer la importancia de las situaciones y poder reaccionar ante ellas. La reflexión activa ayuda y estimula nuestra creatividad.
A veces no contamos con ese tiempo prolongado necesario para reducir el estrés. Pues bien, la buena noticia es que se pueden encontrar actividades breves durante la jornada laboral con las que conseguir romper la monotonía de las tareas físicas o mentales: son los llamados “microdescansos”.
 
Los “microdescansos” (una técnica inventada en los años 80 del siglo XX) no consisten en grandes periodos de tiempo sino en unos pocos segundos o varios minutos a la sumo, o sea, el tiempo suficiente para hacernos un café, oír una canción, mirar por la ventana o realizar estiramientos.
Lo ideal es lo que mejor le funcione a cada uno. Podemos introducirlos fácilmente en nuestra rutina laboral, no necesitan un gran esfuerzo y nos servirá de mucha ayuda.
La eficacia de estos “microdescansos” es sumamente poderosa para devolvernos la concentración en la tarea que estábamos realizando e incluso para eliminar tensión y evitar lesiones en ciertas partes de nuestro cuerpo (hombro, ojos, cuello, muñecas, espalda, etc).
También tienen un efecto calmante comprobado, consiguiendo con ello que los trabajadores vuelvan a su puesto de forma más placentera porque el cerebro se ha recuperado del cansancio psicológico al que estaba sometido y vuelve a reiniciarse.

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