¿Qúe es?

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, acosar es perseguir, sin dar tregua ni reposo, a un animal o persona así como también apremiar de forma intencionada, insistente y repetitivamente a alguien con molestias y requerimientos.

Es decir, los términos podrían resumirse en que acosar es intimidar e intentar ejercer el poder sobre otro.

Pues bien, esto es exactamente lo que significa la palabra anglosajona “bullying”, o sea, esta es la acción o el efecto de acosar.

 
El acoso no es ni mucho menos algo nuevo, se ha dado también en el pasado, aunque posiblemente sin tanta intensidad ni de forma tan recurrente.
Pero si es verdad que parece haberse puesto de moda en los últimos años tanto el término “bullying” como la acción de acosar sin tregua y de forma indiscriminada.
Hay muchas y diversas formas de acosar. Se da por ejemplo el acoso en el trabajo. Este se produce en el ámbito laboral y consiste en someter a presión psicológica a un empleado, por parte del jefe o un/unos compañero/s con el fin de provocar su marginación y aislamiento por un motivo cualquiera.
También se da la modalidad denominada acoso moral o psicológico, que es aquel que se da en las relaciones personales, de pareja, de grupo, etc, y que consiste en vejar y   descalificar a un individuo con el fin de desestabilizarle psicologicamente.
Otra forma de acosar es la vinculada con el sexo. Esta se produce cuando el acosador tiene como objetivo obtener favores de este tipo por parte de una persona. Para conseguir esos favores, el acosador no dudará en abusar de su posición de superioridad (un jefe, una pareja….) con relación a la persona que lo sufre.
Pero también se produce habitualmente el llamado “acoso escolar”, especialmente entre niños y jóvenes en los centros de enseñanza, colegios e institutos. En este caso, el acoso consiste en que uno o varios alumnos ejercen presión sobre otro u otros compañeros con la intención de denigrarlo/os y vejarlo/os ante los demás.
Desgraciadamente, el acoso escolar, con sus actitudes agresivas tanto verbales como físicas, no es algo infrecuente y puede llevar a muchos escolares a vivir situaciones realmente angustiosas, e incluso en algún caso trágicas, por el desequilibrio de poder entre el acosador y su víctima.
Un insulto, un apodo denigrante o un empujón que se repite sistemáticamente son sólo algunos ejemplos de cómo se puede ejercer, por parte del acosador, y sufrir, por parte de la víctima, violencia o acoso escolar.

Acosador y víctima escolar

El acosador, el que lleva a cabo el acoso en el ámbito escolar, tiene un claro perfil. Este intimida a su víctima, sólo o en compañía de otros, para causarla intencionadamente daño.
Esta intimidación la realiza el agresor para imponer su poder sobre el otro mediante amenazas, vejaciones, agresiones o insultos de forma reiterada para tenerlo bajo su control y dominio en el momento y la situación que él quiera, generalmente para presumir ante los demás de su fuerza. Esta situación se puede prolongar en el tiempo si nadie le pone fin.
El acosador escolar, además, no suele ser una persona empática, no tiene remordimientos del mal infringe y el daño que causa
 
Según los expertos, el origen de la violencia de un acosador escolar suele estar motivada en muchas ocasiones, aunque no siempre, por situaciones vividas en el ámbito familiar: conductas violentas o discusiones de los progenitores, falta de cariño, ausencia de apoyo, una mala situación socioeconómica que genere tensión en el hogar, recibir malos ejemplos o tener ausencia de límites.
En el otro lado del problema del acoso escolar está la víctima. Esta, por su parte, también suele tener un perfil definido. En la mayor parte de los casos sufre calladamente el problema, no lo habla ni se lo cuenta a nadie.
El acoso en la víctima no sólo le produce una insufrible vejación, sino que le causa un inmenso dolor por no poder remediarlo. Al dolor se mezcla la angustia y el miedo de saber que va a tener que soportarlo más veces. Todo lo anterior no hace sino repercutir directamente en su salud física y bienestar emocional, en algunos casos, depende de la gravedad y el dolor infringido, durante toda su vida.
El niño, niña o joven víctima de acoso escolar presenta además una serie de síntomas inconfundibles que son y suponen un buen indicador para alertar a padres y profesores.
Por ejemplo, la víctima suele presentar un descenso del rendimiento escolar acompañado de problemas de memoria, además una creciente falta de atención y dificultad manifiesta a la hora de concentrarse.
Otro síntoma de la víctima acosada puede ser la ansiedad, la falta de apetito, una mayor irritabilidad, inquietud, nerviosismo, dolores de cabeza o malestar general, respuestas emocionales extremas, temblores, sensación de ahogo, palpitaciones, llanto incontrolado, cansancio sin motivo aparente, etc. Sólo hay que estar atento a las señales para identificar el problema.
También es frecuente que las víctimas de acoso tengan dificultades a la hora de conciliar el sueño y/o tengan pesadillas, miedo a perder el control o a estar solos.
A la víctima, el acoso escolar además le lleva a buscar un aislamiento social de forma voluntaria, es decir, a sentir apatía por las relaciones con los demás, a mostrarse introvertido, pesimista y sobre todo no querer ir a clase.
El hostigamiento al que se ve sometida la víctima o por parte del acosador escolar hace que esta esté siempre en estado de alerta y alarma, lo que le produce claros síntomas de agotamiento, pero también, extrañamente, le genera un sentimiento de culpa y tiende a culparse a sí mismo de los hechos.
Una forma extrema de intentar salir de esa espiral de acoso, por parte de la víctima, es cuando amenaza o intenta suicidarse, algo que a veces por desgracia sucede.
Según aseguran algunas investigaciones, como las que han llevado a cabo desde “Save the Children”,
 
Uno de cada diez niños sufre acoso escolar o “bullying”, y en la actualidad, a menudo, con el avance de las tecnologías, este acoso comienza detrás de una pantalla. Esto es conocido como ciberacoso y ciberbullying.
Según los datos, el acoso escolar no es exclusivo de un ámbito determinado, sino que afecta a niños y jóvenes de todas las condiciones sociales, tanto en colegios públicos como privados y en ciudades pequeñas como grandes.

Tipos

La intimidación o el acoso escolar que ejerce el acosador sobre su víctima o víctimas, de forma indiscriminada, reiterativa y sin razón aparente, puede ser de varios tipos o llevada a cabo de varias formas, aunque a veces estos tipos se dan de manera simultánea.
Una agresión puede ser llevada a cabo de forma directa mediante patadas, empujones o incluso golpes con cualquier tipo de objetos Pero de igual forma la agresión se puede producir de forma indirecta. En este caso, el agresor se centrará en producir daños materiales en los objetos personales de la víctima o robándole o haciendo desaparecer sus cosas.
Otra forma que tiene el acosador escolar de intimidar a su víctima es mediante la agresión verbal habitual. Esta puede llegar a ser más sibilina, aunque no siempre, y suele tener el poder de menoscabar la autoestima de la víctima.
La agresión verbal suele ejercerla el acosador mediante humillaciones, lanzando rumores falsos sobre su víctima, con insultos, menospreciándola en público o poniéndole motes ofensivos o dañinos.
Las manifestaciones de agresión verbal se pueden llevar a cabo cara a cara, mediante mensajes telefónicos o whatsapp, llamadas, o incluso a través de un lenguaje sexual ofensivo.
Cabe significar que precisamente los ataques por internet a través de redes sociales, por medio de móviles, tabletas, ordenadores, etc, han crecido exponencialmente  en los últimos tiempos con las nuevas tecnologías al alcance de todos.
En este ámbito del ciberespacio estos ataques se pueden llevar a cabo durante las 24 horas del día y todos los días de la semana difundiendo imágenes y videos denigrantes o creando perfiles o rumores falsos, y todo ello amparándose en el anonimato 
La agresión psicológica consiste en lanzar amenazas a la víctima para provocarle miedo cuando el acosador quiere algo de ella: un objeto, dinero, obligarle a hacer algo que no quiere, etc.
También existe el acoso escolar denominado social. Este consiste básicamente en intentar aislar, alejar y excluir a la víctima de todo contacto con cualquier grupo o persona. De esta forma, el acosador consigue que la víctima no participe activamente en ninguna actividad social normal desarrollada en el ámbito de la comunidad educativa, proporcionando sobre él/ella un incómodo silencio y un desagradable vacío.
De igual manera puede existir en el ámbito escolar el denominado acoso sexual, que serían todas las acciones relacionadas con tocamientos no consentidos o bien burlas por la orientación sexual de la víctima.
Los expertos en estos temas consideran que hay determinados colectivos que están más expuestos y son más propensos a sufrir el “bullying” o acoso escolar. Entre estos estarían los marcados por su tendencia sexual como lesbianas, transexuales u homosexuales, pero también los obesos o muy delgados, los que utilizan gafas o aparatos dentales, los que visten diferente, los nuevos en la clase, es decir, en general, todos aquellos que pueden ser susceptibles de ser percibidos como diferentes.

Cómo actuar

No suele ser fácil detectar que a un niño le están haciendo” bullying” ya que es la propia víctima quien trata por todos los medios de ocultar la situación, tanto en el ambiente familiar como escolar, por lo que no pide ayuda, a no ser que haya lesiones que sean visibles.
Sin embargo, si se está atento a los comportamientos del niño o joven y mediante una serie de indicadores puede llegar a detectarse el maltrato o el riesgo a ser padecido.
En el ámbito familiar, los padres deben estar al tanto de los cambios de humor o de comportamiento sin motivo aparente de sus hijos. Para ello, el diálogo es fundamental.
Es importante saberle escuchar, sin perder la calma. Si finalmente reconoce estar siendo acosado, hay que devolverle y reforzarle a toda costa la autoestima y hacerle sentir un apoyo incondicional de la familia. Sobre todo, hacerle saber claramente que esa situación no es culpa suya. En ningún caso es bueno que los padres se tomen la justicia por su mano.
El siguiente paso por parte del entorno familiar, sería ponerse en contacto con el centro escolar para hacerles saber el problema y encontrar entre todos una solución para acabar con él. En el supuesto caso que el centro se negase a actuar, lo siguiente inmediato es ir a denunciar el acoso a la policía.
La implicación de los profesores en el tema del acoso escolar también es fundamental. Ellos son los que deben vigilar a los niños implicados y tratar de controlar el problema para que no se agrave.
Esta implicación no se debe limitar a limar asperezas entre al acosado y el acosador sino ir más profundamente e implicar en la solución al resto de la clase para que sean conscientes de lo que no se debe hacer mostrando las fatales consecuencias que puede tener el acoso. También educándoles para que reaccionen denunciando los casos de acoso escolar que conozcan. En el caso de persistir el problema, tomar medidas más contundentes.
En cualquier caso, la prevención es básica para minimizar y reducir los efectos del acoso escolar, aunque las soluciones dependerán de cada persona, así como el tratamiento médico si este fuera necesario.
Las estrategias preventivas tienen que ir encaminadas a reducir la incidencia, es decir, tienen que llevarse a cabo medidas, por parte de padres y profesores, que impidan la aparición de nuevos casos. Para ello, es primordial localizar cuáles son los factores de riesgo y actuar sobre ellos.
En este sentido son eficaces las campañas de sensibilización y lucha contra el maltrato escolar, los talleres formativos o divulgar modelos educativos adecuados encaminados a conseguir la asertividad, aprender las consecuencias de los comportamientos o a ser empáticos con los demás para poder ponerse en su lugar.
Dentro del ámbito de estas medidas también es tranquilizador para la víctima y sus familias que los centros educativos establezcan mecanismos de denuncia así como acceso fácil a la petición de ayuda.

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