Amenaza mundial

Los científicos consideran que el cambio climático es la mayor amenaza medioambiental a la que hoy día se podría enfrentar la humanidad, pero sobre todo, alertan de que es algo que ya está sucediendo.

Pero todavía hay una noticia peor. Si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y dejamos de depender de los combustibles fósiles para nuestras necesidades energéticas, las consecuencias pueden ser devastadoras.

Cuando los científicos hablan de cambio climático no se refieren sólo al calentamiento global, es decir, al aumento de la temperatura, sino que es un término mucho más amplio.
 
El cambio climático es a grandes rasgos la variación del clima, en sus valores medios o extremos, durante un periodo de tiempo lo suficientemente largo en las distintas capas terrestres (atmósfera, hidrosfera, criosfera, litosfera y biosfera) hasta que este vuelve a alcanzar una nueva normalidad.
Los cambios climáticos no son algo nuevo sino que se han producido a lo largo de toda la historia evolutiva de la Tierra.
Estos cambios, acaecidos hasta ahora, se habían caracterizado siempre por ser abruptos, pero también han sido graduales, es decir, la transformación se ha llevado a cabo a lo largo de extensos periodos de tiempo.
Las causas de estos cambios climáticos históricos han sido muy diversas: variaciones orbitales y en la radiación solar, deriva continental,  impactos de meteoritos, periodos de vulcanismo intenso, procesos bióticos….
Sin embargo, la particularidad del cambio climático en el que estamos inmersos ahora mismo es que se está produciendo muy rápido y en un corto espacio de tiempo.
Esto es debido, se asegura, a la ayuda inestimable que el impacto humano ha tenido sobre el medioambiente desde la era de la industrialización como la intensificación del efecto invernadero a la atmósfera de grandes cantidades de gases debido a las emisiones industriales y la quema de combustibles fósiles, especialmente CO2 y metano.

Gases de efecto invernadero

Posiblemente, la primera acción para entender este fenómeno del cambio climático sería explicar los términos fundamentales y familiarizarse con ellos. No es cuestión de asustar, es cuestión de saber y aprender para equivocarse lo menos posible por el bien de todos.
Los gases de efecto invernadero (los llamados GEI) se producen de manera natural en el planeta. Pero más aún, estos son esenciales para la supervivencia de los seres humanos y de los otros millones de seres vivos que pueblan la Tierra ya que impiden que parte del calor del sol que llega a la superficie terrestre se propague hacia el espacio. Son, digámoslo así, el filtro que hace que la temperatura de la Tierra sea compatible con la vida.
Sin embargo, tras más de un siglo y medio de industrialización y todas sus consecuencias llevadas a cabo por la acción humana (superpoblación, aumento del consumo, deforestación, agricultura a gran escala y especialmente la quema de combustibles fósiles) las cantidades de gases de efecto invernadero se han incrementado de tal manera en la atmósfera que han cambiando el clima del planeta sustancialmente como nunca antes en tres mil millones de años con todas las consecuencias negativas que ello acarrea.
 
Los principales gases de invernadero con los que los seres vivos, especial y principalmente el hombre, lanzan a la atmósfera de forma peligrosamente masiva son: el dióxido de carbono (CO2 ); el metano (CH4); y el óxido nitroso (N2O).
El óxido de carbono es emitido fundamentalmente por la quema de combustibles fósiles como petróleo, pero también es debido a la deforestación, o sea, la tala indiscriminada de árboles que hacen de retén de ese gas y lo transforman en oxígeno.
El metano tiene su origen en las fermentaciones producidas por bacterias anaerobias en zonas pantanosas, pero también por los cultivos como el arroz, aunque también influye sobremanera las emisiones desde el tracto intestinal del ganado.
El óxido nitroso es el que se produce principalmente por el uso masivo de fertilizantes nitrogenados en la agricultura intensiva, pero también contribuyen decisivamente a ello las centrales térmicas, los motores de aviones o la fabricación de nylon industrial.
Es un hecho contrastado científicamente que la concentración masiva de gases de efecto invernadero en la atmósfera terrestre está directamente relacionada con la temperatura media mundial de la Tierra, lo que a su vez dispara otros procesos que agravan y aceleran el calentamiento global porque esos gases al quedarse suspendidos forman una boina de calor.
Efectos colaterales de esto hay muchos. Por ejemplo. Al calentarse la atmósfera más de lo debido se derriten los hielos de los océanos ya que estos absorben alrededor de un tercio de las emisiones de CO2. A su vez, esas grandes cantidades de este gas de invernadero captadas por los océanos disminuyen de forma sustancial el pH de este agua haciéndola más ácida.
La acidificación de las aguas oceánicas tiene, a su vez, graves consecuencias para la vida marina porque perturba la fijación de carbonato de calcio (CaCO3) en los esqueletos o armazones de muchos de sus habitantes como las conchas, los erizos de mar, las ostras y otras especies con caparazón. También provoca el descenso de especies muy sensibles a este fenómeno como erizos, moluscos y estrellas de mar. Pero sobre todo, pone en riesgo a ecosistemas marinos como los arrecifes de coral, que son vitales para la pesca, ya que funcionan como “cunas” de peces.
En consecuencia cabe decir que cuando estos los organismos marinos se descalcifican no sólo ellos están en riesgo, sino que toda la cadena alimentaria puede estarlo, incluido el ser humano.
Definitivamente, una de las fórmulas más eficaces para compensar las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, sobre todo el CO2, es la plantación de bosques, ya que estos absorben el carbono.

Señales y efectos

Cada día, desde hace ya muchas décadas, en muchos y diferentes puntos de la geografía mundial, el planeta nos manda mensajes sobre las enormes y graves transformaciones que está sufriendo y que ponen en riesgo a todo y a todos.
Es por ello que el cambio climático global ya tiene efectos que se pueden observar claramente en el medio ambiente.
Así, indican los expertos, el aumento de las temperaturas en la atmósfera y los océanos está impactando directamente en los fenómenos climáticos naturales. Estos se están volviendo cada vez más extremos en relación al promedio de años anteriores.
De esta forma, se han intensificado las lluvias, la frecuencia de los huracanes y las olas de calor son más devastadoras, entre otras cosas.
Además, al reducirse los glaciares y derretirse el hielo antes de tiempo, no sólo ha producido un aumento acelerado del nivel del mar, ríos y lagos, sino que ha influído en los hábitats de plantas y animales, los han cambiado. Los árboles, sin ir más lejos, florecen antes.
La estimación de los daños que provoca el calentamiento global de la Tierra es tan fuerte que los expertos consideran que si no se toman medidas rápidamente el cambio climático continuará produciéndose durante este siglo y también posteriormente; las temperaturas continuarán aumentando; habrá cambios importantes en los patrones de precipitación; habrá más sequías y olas de calor; los huracanes y las tormentas serán más fuertes y más intensos; mega incendios; el nivel del mar aumentará peligrosamente para 2100; y probablemente el Ártico se quede sin hielo.
Pero también alertan que con todo ello habrá, si no se remedia a tiempo, impactos económicos y sociales cada vez más graves; daños en las cosechas y en la producción alimentaria cada vez peores; y riesgos impredecibles para la salud.
A este respecto, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) señaló en uno de sus informes anuales que las emisiones de CO2 deben reducirse en un 45% para el año 2030 y seguir disminuyendo hasta alcanzar el “cero neto” más o menos para el 2050 si se quieren evitar los efectos más catastróficos del calentamiento global.
A su vez, las principales organizaciones meteorológicas del mundo confirman el aumento de la temperatura a nivel global de 1,5º centígrados desde la segunda mitad del siglo XIX hasta hoy y que ese incremento ha sido el doble en el Ártico. El desafío es no llegar a un aumento de dos grados.
 
La diferencia entre uno o dos grados puede parecer poca cosa, pero pequeños cambios en la temperatura corresponden a enormes y fundamentales cambios en el medio ambiente que influyen en la vida de los habitantes del planeta.

 

Otro punto caliente es el sector energético. Las energías “sucias” (petróleo, carbón, gas, nuclear) son una de las mayores contribuidoras al calentamiento global (unas 90 empresas del sector son responsables de casi dos tercios de la emisiones mundiales), por lo que se hace imprescindible un cambio en los hábitos de consumo hacia las energías renovables (eólicas, solar, etc)

Un problema de todos

La evidencia científica indica que los efectos del cambio climático nos afectan a todos, por lo que si no se toman medidas drásticas en los próximos 10 años el daño puede ser irreversible.
Con ello se vería afectado el mundo natural (animales y plantas) pero también se produciría un colapso de nuestras sociedades, de las sociedades artificiales creadas por el hombre porque no podrían subsistir sin esa base natural.
Pero en cualquier caso, se estima que si no se hace pronto será mucho más difícil y costoso adaptarse, pero sobre todo eliminar sus efectos en el futuro.
Los expertos coinciden en que el cambio climático no es una cuestión de ideologías ni de banderas, sino que es una amenaza mundial que nos afecta a todos por igual porque el medioambiente está en todo, en la factura de la luz, en los alimentos, en cómo nos desplazamos y nos divertimos, en el trabajo, en nuestra manera de vestir, etc.
La cuestión fundamental es que todos entendamos por qué resulta vital poner remedio cuanto antes y actuar, no sólo desde las instituciones, sino también desde los pequeños colectivos y de forma individual.
Una medida efectiva para esta concienciación ciudadana puede ser la transversalidad, es decir, por ejemplo, abordar las noticias en los medios de comunicación (política, economía, sociedad, etc) vinculándolas con cuestiones climáticas, porque en realidad eso es cierto.
En el campo de la enseñanza, otra buena idea sería no circunscribir los conocimientos ambientales a una asignatura, sino poner ejemplos y plantear cuestiones relacionándolos con el medioambiente y todo lo que ello conlleva en todas las asignaturas.
En cualquier caso, la normalización de este gran problema global es muy peligrosa porque nos hace ser conformistas y negar soluciones.
Muchas personas ven los cambios bruscos que se están produciendo en nuestro entorno, pero se van acostumbrando y adaptando porque aunque lo ven como situaciones anómalas consideran que escapan a su control y esto les lleva a la aceptación, y aún peor, a la inacción. Pero no debería ser así.
Los expertos señalan que es urgente limitar el calentamiento global a niveles adecuados y compatibles con la vida y que esto requerirá cambios rápidos y de gran calado en las ciudades, la industria, el campo, los edificios, etc.
Para llevar a cabo estos objetivos a gran escala, se han puesto en marcha desde hace tiempo a nivel internacional, bajo los auspicios de la ONU, una serie de protocolos y acuerdos (Protocolo de Kyoto, Acuerdo de París, Cumbre sobre la Acción Climática….).
En 1992 tuvo lugar una importante reunión internacional denominada “Cumbre para la Tierra”. Tras las conversaciones allí celebradas se acordó dar lugar a la I Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) como primer paso para afrontar este enorme problema. En la actualidad, un total de 197 países han ratificado la Convención, cuyo objetivo principal es evitar y prevenir en lo posible una intervención humana “peligrosa” en el sistema climático del planeta.
Tiempo después, en 1995, la comunidad internacional comenzó una serie de negociaciones para afianzar la respuesta mundial al cambio climático. Dos años más tarde, 83 países firmaron y 46 ratificaron el denominado ”Protocolo de Kyoto” (hoy día son ya 192 los países los que forman parte de este acuerdo).
Lo más importante del “Protocolo de Kyoto” es que este obliga jurídicamente a los países parte del mismo a cumplir unas metas de reducción de emisiones. El período de compromiso se dividió en dos partes. La primera comenzó en 2008 y finalizó en 2012. El segundo período empezó el 1 de enero de 2013 y terminará en 2020.
La CMNUCC celebró en la capital de Francia en 2015 su 25ª conferencia. Allí se alcanzó un acuerdo histórico con el objetivo de combatir el cambio climático y acelerar e intensificar las acciones y las inversiones necesarias para un futuro sostenible con bajas emisiones de carbono y el aumento de la temperatura por debajo de los 2ºC. Además, incide en que los países en desarrollo tendrán que recibir un mayor apoyo para impulsar su lucha contra el cambio climático.
El “Acuerdo de París”, por primera vez en la historia, cuenta con el apoyo de todas las naciones del planeta, lo que le confiere como nueva ruta en los esfuerzos mundiales para frenar el cambio climático. Actualmente el Acuerdo, cuenta con 195 países.
En 2019 se celebró, bajo el manto de la ONU, la Cumbre sobre la Acción Climática. Este evento reunió a líderes mundiales, del sector privado y la sociedad civil, con el fin de respaldar, incrementar y acelerar el proceso multilateral en la acción contra el cambio climático.
La Cumbre se centró en las áreas de trabajo como la industria pesada, soluciones ecológicas, ciudades, energía, resiliencia e inversiones para el cambio climático.
Sin embargo, los intereses particulares de muchos países no ha hecho todavía posible acercarse a estas grandes metas para reducir y acabar con el cambio climático porque no sólo se necesitan más planes concretos y más ambiciosos sino también poner de acuerdo a todos los países que pueblan la Tierra y a todas las instituciones financieras e industriales, públicas y privadas, como poco.
Pero también es cierto que la responsabilidad individual también cuenta a la hora de luchar contra el cambio climático.
El reciclado en el hogar si sirve, es más, es un primer filtro importante. A su vez, la concienciación y las acciones ciudadanas influyen en el bienestar general porque desencadenan el efecto contagio. Además, las acciones personales de los ciudadanos tienen repercusiones en última instancia en las acciones políticas, y se refuerzan la una a la otra.
Es evidente que los datos sobre el calentamiento global son desalentadores. El cambio climático es una realidad que ya tiene consecuencias, y graves, pero no es menos cierto que nos encontramos todavía en un momento decisivo para afrontar con éxito el mayor desafío de nuestro tiempo para minimizar sus consecuencias.

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