Estigmatización de las personas con trastornos mentales y neurológicos

Según la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.), más de 450 millones de personas en el mundo sufren trastornos mentales, pero esta cifra continúa aumentando debido a múltiples causas relacionadas con el modo de vida actual.

Hoy día las enfermedades mentales representan uno de los retos más representativos para la salud pública.
La propia O.M.S. estima que los trastornos mentales representan una carga bastante significativa para cualquier sistema de salud porque representan un conjunto de enfermedades altamente prevalentes, extremadamente comunes que traen implicaciones sociales y sanitarias de primer orden.

La prevalencia de los trastornos mentales es similar en hombres y mujeres, con excepción de la depresión que es más común en mujeres y el abuso de drogas que es más común en hombres.

Sus efectos son considerables en la salud de las personas y lleva aparejadas importantes consecuencias tanto socioeconómicas como a nivel de derechos humanos en todos los países.

Las enfermedades y trastornos mentales son una amplia gama de infecciones que impactan en las emociones, pensamientos, estado de ánimo, percepciones y comportamiento de cada individuo que las padece, así como a las relaciones con los demás.

Pueden ser temporales, dando leves indicios de los síntomas, o duraderos y crónicos, presentándose cuando los signos y los síntomas se hacen permanentes.

Los trastornos neurológicos son enfermedades que afectan al sistema nervioso central y periférico que controlan el buen funcionamiento del cerebro, la médula espinal y las fibras nerviosas que regulan nuestras acciones.

Partiendo de esto, existen muchos y diferentes tipos de trastornos mentales y neurológicos que se pueden presentar en una persona, cada uno de ellos con manifestaciones distintas.

Algunos de los más comunes serían: el trastorno de la ansiedad, el trastorno de pánico, el trastorno obsesivo compulsivo, las fobias, la depresión, el trastorno bipolar y otros trastornos del estado de ánimo. Pero también trastornos de alimentación, de personalidad, de estrés postraumático y trastornos psicóticos incluyendo la esquizofrenia; así como la demencia, las discapacidades intelectuales o los trastornos de desarrollo, como puede ser el autismo.

Como enfermedades neurológicas están clasificadas más de 600, de las cuales se pueden destacar: la distrofia muscular, que se debe a genes defectuoso; enfermedades degenerativas como el alzhéimer o el párkinson, debido a problemas en el desarrollo del sistema nervioso; la espina bífida, a causa de lesiones en el cerebro o la médula espinal; trastornos convulsivos, como sería el caso de la epilepsia; tumores cerebrales a causa del cáncer; o infecciones, como la meningitis.

Aunque se desconocen las causas que pueden dar lugar al comienzo de estas enfermedades mentales y neurológicas, no es menos cierto que pueden variar según los antecedentes que tenga cada paciente.

En el caso de los trastornos mentales, los genes y la historia familiar del paciente, es decir, el factor hereditario, podría ser clave. Es el caso de algunas enfermedades degenerativas como el alzhéimer o la enfermedad de Huntington.

Pero también la experiencia de vida actual o pasada sometida a mucho estrés; factores biológicos, es decir, trastornos que se originan en el mismo cuerpo, como los tumores cerebrales; una lesión cerebral traumática, como el caso del párkinson, la hemorragia cerebral o la epilepsia: una infección perinatal; el consumo de alcohol o drogas; la alimentación; tener una enfermedad seria como el cáncer, tener pocos amigos o sentirse solo o aislado.

Sin embargo, en los trastornos mentales no sólo influyen las características individuales, sino también factores sociales, ambientales, culturales, económicos y políticos.

En cualquier caso, los trastornos neurológicos son provocados por distintos factores que comprometen la vida del que los padece, pero de ningún modo estos son causados por falta de carácter. No tienen nada que ver con ser flojo o débil.

Los signos y síntomas que pueden mostrar los distintos trastornos pueden variar según el tipo de trastorno que se padezca, las circunstancias y otros tipos de factores externos, pudiendo ser tratados, en cada caso, bien por la psiquiatría, bien por la neurología, dependiendo si se focalizan en la manifestación de cada individuo en la sociedad y en sus alteraciones mentales como los pensamientos, percepciones y emociones de cada paciente con estos síntomas (trastorno mentales o psiquiátricos) o van más encaminados a la base orgánica de estos, como es la conducta del cerebro en nuestro organismo, dando una conexión entre todo nuestro cuerpo para su manifestación (trastornos neurológicos).

Algunos de los síntomas que se pueden identificar en este tipo de trastornos son: sentimientos de tristeza y desánimo; pensamientos confusos y capacidad reducida de concentración; preocupaciones o miedos excesivos; sentimientos intensos de culpa; altibajos y cambios radicales de humor; cansancio importante; baja energía y problemas de sueño; alejamiento de las amistades y de las actividades cotidianas o laborales; problemas para comprender y relacionar las situaciones y las personas; problemas con el uso del alcohol o drogas; cambios importantes en los hábitos alimentarios; cambios en el deseo sexual; exceso de enojo, hostilidad o violencia; y/o pensamiento suicida.

Estigmatización

Los trastornos mentales y neurológicos son altamente sobresalientes y representan una carga significativa para las personas que los padecen y familiares. Sin embargo, dichas personas no solamente deben de lidiar con estos trastornos ligados a un diagnóstico, sino también con el estigma o estigmatización social negativo asociado a estos.

Este estigma hacia la enfermedad mental y neurológica provoca consecuencias contraproducentes en los pacientes y familiares de manera que este se trasforma en la barrera principal para lograr su plena inclusión en la sociedad.

Erwin Wolfman en su clásica publicación “Estigma, la identidad deteriorada”, define el fenómeno del estigma como los atributos de un individuo que le generan un profundo descrédito y desvaloración.
Debido a los prejuicios y actos discriminatorios (estigmatización) hacia las personas con dichos trastornos, es frecuente que estas presenten un bajo nivel de autoestima y una menor calidad de vida.
además, también presentan una baja adherencia a sus tratamientos, lo que conlleva a que no puedan acceder a espacios laborales o educativos ni tampoco puedan establecer una relación de amistad o de pareja.
La estigmatización de las personas con enfermedades mentales puede llevarlos a perder la confianza en sí mismos, en su recuperación y capacidad de llevar una vida normal, así como generarlos una inseguridad constante en la personalidad del ser humano y crearlos una sensación de discapacidad.

La estigmatización es un constructo social el cual incluye actitudes, sentimientos, creencias y comportamientos que se configuran como prejuicios, lo que conlleva consecuencias discriminatorias hacia la persona estigmatizada.

El estigma hacia la persona con trastorno mental se manifiesta en diversos niveles de comportamiento tanto social como otros dando paso a una guía de intercambio social que finaliza con un ellos y un nosotros.
El estigma puede ser público, conllevando un estereotipo, un prejuicio y una discriminación. Como estereotipo están las creencias negativas sobre un grupo, el prejuicio como conformidad con las creencias y reacciones, y discriminación, que es un comportamiento en respuesta ante un juicio.

La tolerancia fría y el paternalismo aparecen como patrones de interacción frente al sujeto con trastorno mental. Algunas personas toleran su presencia, pero evitan el contacto o en ocasiones suelen actuar de manera sobreprotectora con ellos.

Los individuos estigmatizados sufren en primer lugar un estrés psicológico, pero también discriminación, insultos, ataques, asesinatos, entre otros ataques de violencia, lo que en muchos casos los puede llevar al suicidio.

Se ha estimado que el estigma en torno a los trastornos mentales disuade a muchas personas a la hora de buscar ayuda, lo que les hace pensar con frecuencia en el suicidio, en pensar, o directamente quitarse la vida. Esto, unido a que el suicidio también está estigmatizado socialmente hace que estas personas no reciban la ayuda que necesitan, precisamente porque la falta de sensibilización social hace que la prevención del suicidio tampoco sea debidamente abordada.
Es importante aumentar la sensibilidad de la comunidad y superar el tabú para que los países avancen en la prevención del suicidio.
Un ejemplo alarmante: el suicidio por trastorno mental es la tercera causa de muerte en los jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años.

Es por ello que es tan importante una atención especial a la adolescencia, una etapa formativa en la que los jóvenes entre los 10 a los 19 años experimentan múltiples cambios físicos, emocionales y sociales, incluidos, en muchos casos, exposición a la pobreza, el abuso o la violencia, lo que les hace fuertemente vulnerables a contraer trastornos o enfermedades mentales.
Prevenir factores de riesgo y experie
ncias adversas supondrá para estos jóvenes un mayor bienestar durante su adolescencia, así como una mejor y más fuerte salud física y mental cuando lleguen a la edad adulta.

Las consecuencias negativas del estigma no solo afectan a las personas con problemas y trastornos mentales sino quienes los rodean, principalmente sus familias. Esto por las tensiones e incertidumbres que experimentan por su tendencia a alejarse de sus redes sociales y también por la necesidad de dejar sus actividades laborales para convertirse en cuidadores especialmente en periodos de crisis y recaídas.
Se puede decir, pues, que la estigmatización de los trastornos mentales y neurológicos hace mucho más difícil y complicada su rehabilitación e inserción en la sociedad.

De la misma manera, se puede señalar que la estigmatización de esos trastornos se debe a la poca información de los mismos trasmitida a la sociedad, resultando como consecuencia que este mismo sector los relacione como un solo concepto atacando de manera injusta a las personas o grupos pertenecientes a esta parte de la población, siendo que en algunas comunidades las enfermedades mentales se encuentran entre las personas más desatendidas del mundo considerándolo entre la mayoría de la población, no como una afección médica, sino un síntoma de debilidad de carácter o un castigo por un comportamiento inmoral. Aun cuando se reconoce que estas personas padecen una afección, el trato de los demás hacia ellos se convierte en un trato inferior al humano llegando incluso a utilizar la violencia.

Los señalados

El estigma tiene un alto impacto en las personas que sufren algún tipo de enfermedad mental. A día de hoy es la principal causa de que una parte significativa de personas que sufre alguno de estos padecimientos no acudan a recibir atención.
Más del 80% de las personas que llegan a desarrollar un trastorno depresivo, nunca acuden a ningún tipo de servicio principalmente por la estigmatización.
Hay otros escenarios aún todavía más significativos: en el caso de los trastornos de ansiedad llega a ser hasta nueve de cada diez personas.

La no asistencia a atención médica representa un reto significativo, es la llamada brecha de no atención. El estigma tiene implicaciones bastante significativas e importantes afectando especialmente a las personas que sufren algún tipo de condición psiquiátrica, pero no son las únicas, también hay una afectación, o un radio de afectación bastante significativo, a las familias de las personas que sufren algún tipo de estos trastornos y por tanto se termina por convertir en un factor vergonzante.

El radio del estigma también involucra a las personas que atienden a las personas con enfermedades o con condiciones psiquiátricas y por tanto la percepción que se tiene sobre los médicos especializados en la atención de estos pacientes (psicólogos, psicoterapeutas, personas involucradas en este tipo de atención, etc.) también terminan siendo afectados por el estigma y por el fenómeno social y la percepción negativa. Igualmente llega a involucrar a las instituciones encargadas de su atención e incluso en los tratamientos porque no hay cosa peor vista que estar recibiendo un tratamiento psiquiátrico o acudir de manera cotidiana a recibir atención psicoterapéutica.

Este tipo de implicaciones son bastante significativas y repercuten en la calidad de vida y en el acceso a atención médica de todas estas personas.
Una de las alternativas que han mostrado ser más eficaces para disminuir el fenómeno del estigma es la educación, la protesta social y el contacto social.

La educación es una parte significativa y radica en que todos estemos enterados de las implicaciones que tienen las enfermedades mentales y la verdadera trascendencia que tiene tratarlas. Sin duda implicaría un avance significativo en la reducción del estigma.

El contacto social es la estrategia que ha resultado ser la más efectiva porque cuando se cortan las principales fuentes del estigma que son los prejuicios, la ignorancia o el temor injustificado nos damos cuenta de una realidad que está ahí y no hay que ignorar sino afrontarla con naturalidad porque, por otro parte, gran parte de la población mundial, y mucho más en las circunstancias actuales de vida acelerada y frenética, corre el riesgo en algún momento de su vida de desarrollar algún trastorno mental como ningún otro grupo de enfermedades. Por tanto, debemos estar informados y ser suficientemente sensibles y empáticos con aquellas personas que desarrollan un trastorno mental independientemente del tipo o la intensidad que esto significa.
Todos podemos ser parte de la solución para que las personas que padecen este tipo de trastorno no sufran además miedo y/o vergüenza.

Prevención

Una sociedad mejor informada pierde los miedos y reacciona de una forma más justa, en este caso a unos trastornos estigmatizados.
Por ello, los profesionales sanitarios hacen hincapié en que la peligrosidad y relación con actos violentos de la persona con enfermedad mental no es la norma habitual en su comportamiento y deben considerarse hechos aislados.

Así mismo, que padecer una enfermedad mental no es sinónimo de incompetencia o incapacidad para desarrollar las tareas básicas de la vida.

De igual forma, que las autoridades sanitarias pueden y deben redoblar esfuerzos para la integración de las personas con enfermedad mental y que como ciudadanos de pleno derecho se deben erradicar los términos ofensivos que generan confusión, alarma y recelo.

Que, por su parte, los medios de comunicación pueden y deben ayudar a la erradicación del estigma asociado a la enfermedad mental para que desaparezca por completo toda clase de discriminación consciente o no.
Que existen estrategias que se han mostrado eficaces para prevenir algunos trastornos mentales, como por ejemplo la depresión, pero que también se disponen de tratamientos positivos y medidas para algunos de ellos que permiten aliviar el sufrimiento de los pacientes que los sufren.

Porque, efectivamente, los trastornos y problemas mentales pueden curarse, rehabilitarse o controlarse con un tratamiento adecuado. Los medicamentos e intervenciones son cada vez más específicas y selectivas. Suelen definirse de manera específica para cada caso combinando el tratamiento farmacológico con medidas de rehabilitación sociolaboral, psicoterapia y apoyo familiar.

Las personas con trastornos mentales suelen presentar también problemas de salud existiendo diferentes razones para ello relacionadas con el desconocimiento de los problemas de salud mental y los servicios relacionados con su prevención, atención y rehabilitación.

Que es fundamental que los pacientes con este tipo de trastornos tengan acceso a la atención médica y servicios sociales para su tratamiento, así como recibir apoyo y atención social participando en programas educativos que satisfagan sus necesidades, así como ayudas para encontrar empleo y vivienda que les permita sentirse activos e integrados en la sociedad.

Sin embargo, por desgracia, los sistemas de salud, sobre todo en los países con ingresos medios y bajos (lo que supone de entre un 76% a un 85% de las personas con trastornos mentales graves en el mundo), aunque también en los de ingresos elevados (entre un 35% y un 50%), todavía no dan respuesta adecuada a la carga de trastornos mentales. Es decir, mayormente no reciben tratamiento y la atención que reciben los casos tratados es de escasa calidad.

Hay una gran cantidad de personas que padecen trastornos mentales y eso impide que reciban un tratamiento efectivo adecuado y oportuno a tiempo. Es importante, por tanto, seguir formando profesionales en ese campo generando estrategias de prevención efectivas, promoviendo la salud, la detección temprana de síntomas que se pueden resolver antes de que progresen a niveles de la enfermedad mucho más severos porque una persona con un trastorno mental puede tener una vida saludable, con calidad y llena de beneficios, incluido ser autónomo. Es decir, la clave está en promover la salud y prevenir en lo fundamental.

Todos podemos llegar a sentir tristeza, desamparo o ciertos momentos de depresión provocados por un problema puntual. Aún en estos casos de pequeños síntomas no es recomendable esperar a sentir que se necesita apoyo o ayuda psicológica, sino que hay que buscarla para prevenir un trastorno mental más grave en un futuro.

Si por el contrario se tiene tristeza constante, malestar que no permite realizar las actividades cotidianas, privar del placer y satisfacción con la familia, con los hijos, con los amigos, etc., hay que buscar ayuda inmediata y no esperar a que se desate un trastorno mental agudo.
La clave, pues, está en buscar ayuda y orientación asistida en los programas que hay en muchas instituciones, para prevenir males mayores porque los trastornos mentales se pueden prevenir.
En cualquier caso, la superación del estigma en la salud mental dependerá especialmente de la rehabilitación integral y la inclusión social de las personas con problemas con trastornos mentales y sus familias. No depende solo de la oportunidad y la calidad de la atención en salud.

Es indispensable por tanto que los diferentes sectores como educación, cultura, deporte, justicia, trabajo, comunicaciones y la comunidad en general transformen sus estereotipos, prejuicios y conductas discriminatorias en relación con la salud mental haciendo los ajustes razonables que permitan el acceso de estas a sus programas y servicios para que se integren de una forma adecuada y no estén estigmatizadas.

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