RESPETO

Si lo quieres recibir lo tienes que dar. Esa frase sería una buena manera de expresar y resumir lo que es el respeto.

En sí, también se podría expresar diciendo que es un sentimiento cuyo valor aflora con tiempo y paciencia.
Según la  definición de la Real Academia Española de la Lengua (R.A.E.), el respeto, que en latín significa “atención” o “consideración”, es la veneración o el acatamiento hacia algo o alguien.
Partiendo de este punto, se puede establecer que el respeto se relaciona con la consideración y la deferencia, aunque también se puede sentir respeto por temor o recelo (respeto al mar porque puede ser peligroso).
El respeto también es en sí mismo un valor, es decir, el reconocimiento de los derechos de los demás y de uno mismo, pero también de las normas sociales para la buena convivencia.

En qué consiste

El respeto es indiscutiblemente una actitud ante la vida. Esta actitud es la que hace que precisamente las relaciones interpersonales sean fructíferas y satisfactorias.
El respeto es el pilar principal de las relaciones entre las personas. Sin respeto es difícil relacionarse y que fluya la información y la comunicación, incluso llevar a cabo alguna actividad, por lo menos cómodamente.
El respeto es un tema muy amplio y complejo que abarca muchas cosas, pero básicamente es la consideración, el reconocer a otra persona por el valor, el pensamiento, la ideología o la manera de hacer de esa persona.
Y es que el reconocer al otro es otorgarle los mismos derechos que queremos sean reconocidos en nosotros mismos. Es un compartir, pero hay muchas maneras de respetar. 
También se puede dar la circunstancia de no estar de acuerdo con nuestro interlocutor y sin embargo nada tiene que ver no compartir su opinión con mantener un respeto.

Cómo se manifiesta

El respeto también es una actitud positiva y necesaria para aceptar que hay diferentes formas de pensar entre las personas (algo incuestionablemente normal) y también para evitar conflictos innecesarios.
Es el respeto el que nos hace poner esa distancia necesaria para ver lo diferente, es decir, nos ayuda a no juzgar a nadie por su forma de pensar u opinar porque nosotros también somos diferentes cuando no pensamos igual que el otro.
Por medio del respeto nos damos cuenta que todos tenemos derecho como personas a ser como y lo que queremos ser, pensar, sentir, actuar y opinar diferente, también en las preferencia y gustos, siempre y cuando todo ello no suponga ser lesivo u ofensivo para los demás.
No saber respetar la diferencia es pura y simplemente una contradicción porque nosotros mismos también podemos ser diferentes para otros muchos. El equilibrio es entender, convivir y asumir la diferencia, no intentar influir en nuestro beneficio.
Por otro lado, es más enriquecedor escuchar y tratar de entender lo diferente que tener todos un pensamiento uniforme o sin matices.
Tener una mente abierta y sin prejuicios sobre las decisiones, comportamientos, formas de vida e individualidad de los otros es otra forma de representar el respeto.

Cómo se expresa respeto

Ante todo, el respeto se expresa mostrando empatía, o dicho de otra forma, con una actitud comunicativa asertiva y adecuada hacia los otros, aunque de por medio no haya una conformidad con las opiniones, comportamientos o decisiones a compartir.
Confrontación no es igual a faltar al respeto. La disparidad de criterios y los diferentes puntos de vista sobre cualquier cuestión es una forma sana de relacionarse y convivir con otras personas y enriquecer nuestra propia experiencia, además de aprender siempre algo nuevo.
La manera correcta de respetar es escuchar, pero escuchar desde su posición y punto de vista, es decir, poniéndonos en el mismo lugar de la persona que nos está emitiendo su juicio, experiencias personales, pensamientos o sentimientos. Eso nos ayudará a comprender mejor.
Nunca podremos llegar a comprender a los otros no ya solo si no nos ponemos en su lugar, sino si nuestro único interés radica en imponer nuestro criterio y/o tener siempre la razón. Esto último sólo nos conducirá a la confrontación y a la hostilidad con los demás.
De la misma forma, los gestos (comunicación no verbal) y la actitud que tengamos a la hora de hablar, expresarnos o emitir nuestros juicios serán fundamentales para mostrar respeto y que la otra persona lo perciba. Una actitud agresiva, gritos o gestos amenazantes son un signo inequívoco de beligerancia.
 

Falta de respeto

La falta de respeto está asociada a la ofensa, la mala educación, la humillación, al egocentrismo, a la falta de valores, al insulto, la falta de tolerancia, a minimizar, a la soberbia, a quitar reconocimiento, a cuando hay una comunicación de superioridad-inferioridad, a interrumpir, a el mal gesto y a no dejar espacio al otro.
Los que faltan al respeto suelen tener dificultad para escuchar, para ponerse en el lugar de la otra persona, para empatizar y para considerar otro punto de vista. Suelen ser bastante tercos y se sienten con el derecho de decir lo que piensan sin consideración, y por tanto, tocando la mala educación.
También existen personas que no se respetan a sí mismas, por tanto, son personas que les es difícil entender el respeto hacia los demás. Este problema afecta a la asertividad, es decir, no solamente el saber ponerse límites a uno mismo, sino también en ponerlos a los demás, el saber decir que no.
Es difícil que nos respeten si no nos respetamos a nosotros mismos valorando nuestros logros, nuestra trayectoria, nuestro cuerpo, escuchando nuestras necesidades, aprendiendo a comunicarnos con los demás, alejándonos de las personas tóxicas y descubriendo y trabajando en nuevos objetivos y metas en la vida.
El respetarse a sí mismo no es egoísmo, es quererse, saber estar y tener las cosas claras respecto a quién soy y cómo soy siempre respetando al otro y teniendo cuidado con el lenguaje. El saber respetarse a sí mismo es ya comenzar a respetar al otro.
Respetarse a uno mismo está asociado a la felicidad, a la serenidad. Esta actitud va a ayudar mucho a las relaciones con otras personas porque si para tí es un valor importante, también lo vas a considerar con respecto a otras personas.
Vivir en un entorno donde hay una continua falta de respeto es muy desagradable y hace que estemos vigilantes e incluso que despierte nuestro lado más oscuro, llegando incluso a ser agresivos porque sentimos que nos tenemos que defender.
Eso sí, hay que distinguir entre el respeto (con una persona con la que se está en desacuerdo por una idea, por ejemplo) y tener una actitud sumisa o de temor.
El respeto debe ser libre, nacer de dentro, no tener miedo a que haya un castigo. En el momento que hay miedo nuestras intenciones o las razones por las que llevamos a cabo una conducta o decimos o no decimos algo es otra: miedo a la venganza, miedo a que nos hagan daño o que haya una repercusión negativa para nosotros. O sea, el miedo es una cosa y el respeto es otra así como la resignación y la sumisión.
El respeto debe darse desde la asertividad, la escucha activa y el evitar entrar en conflicto, pero en ningún caso como consecuencia del miedo o del chantaje emocional.
Generalmente, la persona que hace chantaje emocional no suele respetar los sentimientos del otro porque tiene un objetivo que quiere conseguir. Por tanto, no considerar o tener en cuenta los sentimientos del otro ya es en sí una falta de respeto.
En las relaciones interpersonales, ya sea con la familia, en el trabajo, con los amigos, etc, hay una línea muy fina para mantener el respeto o faltar a este. Nunca está de más andar con pies de plomo.
La manera de responder a cuando alguien nos falta al respeto es tener claro que hay que poner un límite, saber decir que no, tener una actitud asertiva y llamar la atención sobre ello. 
Ante la falta de respeto, lo primero es intentar solucionar este problema, pero si la otra persona persiste en su actitud, no cambia su postura a pesar de la advertencia o no nos parecen suficientes sus medidas, lo mejor es hacer una pausa y si procede retomar la conversación o dejarlo para otro día. Nunca entrar en bucle.
No tiene tampoco que ver el respeto a las personas con el respeto a las opiniones de las personas. Eso no es falta de respeto. El respeto está contenido mucho en el lenguaje, ya sea este verbal o gesticular, y a partir de ahí el saber negociar o el saber argumentar.
La falta de respeto entre personas puede dar lugar a violencia y enfrentamientos, pero, en otro orden de cosas, cuando la falta de respeto es por la violación o no acatamiento de una ley o norma dentro de una sociedad puede conllevar multas e incluso castigo (por ejemplo, privación de libertad).

Pautas para el respeto

Para llevar el respeto hasta sus últimas consecuencias en nuestras relaciones interpersonales debemos tener en cuenta que “nuestra verdad” es sólo una de tantas posibilidades para razonar.
No existe la verdad absoluta, por el contrario, las percepciones, opiniones y puntos de vista son meramente subjetivos en función de nuestro propio aprendizaje, cultura o experiencias. Todos tenemos el derecho a ser y opinar como queramos.
Por supuesto, en la vida de una persona el respeto empieza con la educación y con el ejemplo desde la infancia. 
En una familia donde hay respeto, y esto no quiere decir que no haya conflicto porque puede haber conflictos con respeto, no hay lugar para las ofensas, los insultos, las humillaciones ni los desprecios. Esto es importante para el futuro del niño y sus relaciones con los demás y su entorno. 
Pero obviamente en la familia y en la escuela se ha de detectar y explicar a los niños cuando hay falta de respeto y por qué lo es y corregirle..
El respeto es algo que se aprende y que conlleva una serie de beneficios que hace que las cosas y las relaciones fluyan.
El respeto es la comprensión y la manera de ser, pensar y actuar de las personas con las que nos relacionamos. Y para ello hay unas pautas absolutamente inamovibles: 
1- Aprender a escuchar sin hablar ni interrumpir y con las ganas reales de entender el mensaje.
2- Aceptar que no lo sabemos todo y que cada día podemos aprender algo nuevo.
3- Intentar no humillar, no difamar, no insultar, y sobre todo no reprender en público.
4- Hay que saber pedir disculpas y saber dar las gracias. A veces por orgullo se nos olvida, pero es básico para cualquier relación de respeto.
5- No solo se merecen respeto las personas, sino la propiedad privada de los demás, los espacios públicos, los recursos naturales, los animales y las plantas, pero sobre todo uno debe aprender a respetarse a sí mismo.

Respeto para solucionar problemas

El respeto es un valor humano que se manifiesta en el buen trato, porque el respeto es reconocer, apreciar y valorar a tu propia persona, a los demás y a tu entorno.
El respeto consiste en cuidarte a ti mismo y tus ideas, pero también en saber valorar los intereses y necesidades de los demás individuos.
Por ejemplo, una forma simple de demostrar respeto en cualquier circunstancia es cuando ante una puerta que está cerrada llamamos antes de entrar; cuando llamamos a alguien enfermo o sólo para interesarnos por él; o cuando acudimos a un funeral y damos nuestro pésame a la familia.
También demostramos respeto cuando pedimos amablemente algo que queremos en lugar de cogerlo sin más, por ejemplo, la ropa de tu hermano que te apetece llevar ese día en vez de la tuya; también devolviendo lo que te han prestado.
En general eres respetuoso cuando aguardas en la fila en lugar de colarte sibilinamente para no esperar tu turno; o cuando esperas pacientemente a que te toque transmitir tus ideas en una conversación sin interrumpir al que está hablando; o cuando eres puntual llegando al sitio donde has quedado con alguien.
El respeto también se ha de mostrar a los padres, a los mayores, a los profesores, a los niños, a los amigos, a nuestra pareja, y en general quien nos transmita cariño, afecto y conocimientos; también cuidando de los desfavorecidos.
También se ha de mostrar respeto a los que son diferentes, a las minorías, a las personas con discapacidad,  a las tradiciones, a los que sufren, a los que están perdidos, la dignidad de las personas o aceptando con deportividad la derrota en un juego.
Respeto también es evitar desacreditar a las culturas diferentes; a los que opinan diferente a nosotros en temas de política, religión o sexualidad; pero también cuando evitamos herir con juicios de valor, burlas o chismes.
Por supuesto, respetas cuando no molestas a los vecinos con ruidos innecesarios o a horas intempestivas; cuando cumples el silencio, o bajando la voz, en los espacios que lo requieren como los hospitales o el cine; cediendo el asiento en el transporte público a las personas mayores, con discapacidad o a embarazadas; comportándonos adecuadamente en la mesa; no invadiendo el espacio y el tiempo de los demás cuando sintamos que ya estorbamos; dando la enhorabuena a un rival; denunciando los malos tratos.
Pero también muestras respeto cuando tiras la basura en los lugares correspondientes y no en los ríos, parques, bosques, montañas, etc; cuando cuidas y no maltratas a los animales, ya sean nuestras mascotas o animales salvajes o en libertad; cuando proteges la naturaleza; cuando plantas árboles en vez de talar; cuando no malgastas agua; cuando no haces fuego en los sitios no permitidos de los bosques o la montaña; cuando reciclas: cuando utilizas el transporte público y no contaminas; 
Asimismo, se respeta cuando se cumplen las leyes que sirven como un instrumento para el bien público, cuando se vive en armonía para el buen orden social; y naturalmente, cuando se respeta el derecho a la vida de los demás.

Meditación para respetar

El respeto es un valor que debe regir la sociedad para que todo funcione mejor entre nosotros, pero realmente nunca podremos sentir respeto por los demás y nuestro entorno si no nos respetamos a nosotros mismos.
No todo el mundo sabe cómo auto-respetarse, por eso, para llegar a ello, existe una herramienta muy valiosa: la meditación.
La meditación te enseña y ayuda a pensar en cómo te tratas y a hacerlo con el mismo cariño y aprecio que lo harías con alguien a quien manifestarías respeto.
Nosotros mismos somos la única persona con la que conviviremos durante toda nuestra vida. Por eso, es importante aprender a querernos y valorarnos ya que esto representa la clave para generar la confianza que nos ayudará a relacionarnos con los demás con empatía.
Para generar esa confianza es un componente básico e imprescindible ser honestos con nosotros mismos para poder alcanzar una sana autoestima.
La honestidad significa darnos un voto de confianza, no avergonzarnos de lo que somos y sobre todo no culparnos por ello. Esa confianza la tenemos que ejercitar, y la meditación nos ayuda.
Para cultivar y mantener la autoestima debemos primero preguntarnos si nos queremos y si confiamos en nosotros mismos. A partir de ahí deben trabajarse los puntos negativos.
Lo primero es pensar qué condiciones nos imponemos para valorarnos y tener una buena estima de nuestra persona porque esas condiciones son ni más ni menos que limitaciones que nos van a obstaculizar para avanzar.
Valorarnos positivamente y tenernos una buena estima es condición “sine quanon”, es decir, tiene que ser un reconocimiento incondicional.
Si esas barreras o limitaciones no están levantadas para nosotros es muy improbable que las levantemos para respetar y valorar a los demás, o no lo haremos de forma adecuada.
La meditación nos enseña que el respeto y la valoración hacia nosotros mismos no puede ir en función de las circunstancias porque éstas son cambiantes dependiendo de muchos factores.
Nuestra felicidad y autocomplacencia no pueden estar condicionadas por las circunstancias sino que tienen que surgir de nuestra mente positiva.
No podemos ser esclavos de las causas externas porque eso no nos deja crecer. Lo que nos impone la sociedad como la verdadera realización del ser humano y paradigma de la felicidad (éxito, dinero, pareja, trabajo…..) es en la mayoría de los casos un completo error.
Por eso, para que las circunstancias externas no nos aplasten ni nos despisten debemos aprender a confiar en nosotros mismos y en nuestras necesidades, que no tienen porqué coincidir con las de la mayoría ni con las que nos imponga la sociedad.
Aprender eso no es algo que aparezca de un día para otro, es un proceso evolutivo basado en un cambio de actitud y de perspectiva a través de estrategias como la meditación, por ejemplo, que nos va a ayudar a discernir qué nos impide ser sin condicionamiento alguno.
Esta honestidad nos dará la perspectiva necesaria para, desde la calma y la serenidad, mostrarnos como somos y relacionarnos con los demás desde un punto de vista más limpio, sin tanto ruido externo.
Esta “limpieza” de nuestro interior no quiere decir en modo alguno que nos estemos engañando sino más bien todo lo contrario, o sea, que nos estamos aceptando a pesar de las circunstancias, pero desde otro punto de vista más sereno.
Confiar en nosotros mismos es aprender a ser previsibles, es decir, a saber cómo nos vamos a desenvolver en determinadas circunstancias o qué actitud vamos a tener afrontando la realidad sin escondernos y ofreciendo todo lo mejor de nosotros. 
En definitiva, siempre debemos seguir creciendo sin condiciones y aceptándonos para llegar a ser mejores personas. Eso contribuirá especialmente a nuestras relaciones con los demás.
Respetarnos es pues cuidar nuestros pensamientos, actitudes, comportamientos y palabras que tenemos hacia nosotros. Así llegaremos a aceptarnos con cariño, amabilidad y tolerancia aprendiendo también que no ser los mejores, ni los más fuertes ni los más inteligentes, por ejemplo, no es debilidad, es humano.
Esta aceptación, además, nos hará más fuertes y no temeremos la soledad sino que la sabremos apreciar en toda su dimensión.
El bienestar contigo mismo, aprendiendo a respetarte, es felicidad y salud. 
 

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